En pandemia me quedé vacío

En pandemia me quedé vacío

testimonio vocacional

héctor rodrigo moreno lozano

dios

nos llama a la vida

Mi nombre es Héctor Rodrigo Moreno Lozano. En estos momentos me encuentro cursando el año de la etapa propedéutica. Pertenezco a la parroquia de los Santos Arcángeles, en la ciudad de Aguascalientes. Nací el 11 de febrero de 1997, en la ciudad de Aguascalientes, Ags. 

Mi papá se llama Héctor Moreno Oviedo y mi mamá Irma Lozano Fernández. Mi familia está conformada por mamá, papá y cinco hijos, de los cuales soy el único hombre.

El llamado de Dios surge en mi vida desde muy pequeño. Cuando me preguntaban sobre lo que quería ser de grande, respondía que quería ser sacerdote. Afortunadamente nací en una familia católica, que trataba de ser constante en la religión, y por eso tomaba el sacerdocio como una posibilidad.

experiencia de

mi vocación

mi regalo, mi vocación

Fui creciendo, pero evité constantemente entrar al seminario. Incluso saliendo de preparatoria, me lo cuestioné mucho sin que nadie lo supiera; pero decidí meterme a la universidad y buscar la vocación del matrimonio. La promoción vocacional del seminario me movía y me movía cada verano, desde que había salido de la preparatoria. Pero yo le ponía pretextos a Dios para no entrar: la universidad, mis actividades extracurriculares, mi trabajo, mi novia, todo lo ponía de pretexto.

En pandemia me quedé vacío, todo lo que le ponía de pretexto, ya no lo tenía; y en cambio, tenía un alma vacía y deseosa de probar aquello que me aturdía todos los veranos. Fue ahí cuando me di cuenta de que no podía seguir alargando este llamado, y dándome cuenta de mi vacío, me percaté de que la única forma de llenarlo era con Dios, y probando la experiencia del seminario que tanto me había llamado.

En estos momentos, estoy discerniendo mi vocación por el sacerdocio, dado que es para mí una labor en la que te entregas completamente a Dios para salvar y cuidar lo más valioso que hay en esta vida, y me refiero a las personas. El sacerdocio, permite ser colaborador directo de Cristo, y ÉL hace que tus talentos se pongan al servicio del Reino.

me quedé vacío

El sacerdocio es una gracia otorgada por Dios; si sientes el llamado, es porque Dios tiene un plan mil veces mejor para ti y, junto con ese plan, Dios te ofrece la felicidad eterna. 

Recuerdo un suceso relevante en mi vida. Cuando tenía la edad de 13 años me cuestioné sobre mi vocación en un retiro de Semana Santa (que, por cierto, fui porque mi madre me obligó a ir). Fue un momento que utilicé para discernir sobre mi vocación. En ese retiro, tuve una experiencia con un sacerdote, que me resolvió dudas, que en su momento tenía. En ese tiempo de aislamiento me cuestioné mucho sobre mi capacidad para salvar pocas o muchas almas, eso lo tenía en mi mente, y nadie sabía que pensaba en ello.

Foto: práctica de innovación en la universidad.

momentos de mi vida

Misiones en Iztacapa

Convivencia de Resurrección en Iztacapa

Misiones en Pasito de San Francisco

Misiones en Alaquines

vida en el seminario

Todos tenemos experiencias extraordinarias en la vida de formación dentro del seminario; cada uno descubre a Dios en cada momento de grandeza que jamás se volverán a repetir.

compartiendo amistad

Momentos de recreación en el deporte.

experiencia de preseminario

Visita del Obispo “Chema” a la casa del introductorio.

fiesta patronal

Celebramos la fiesta del Beato Miguel Agustín Pro, nuestro patrono.

compartiendo la alegría

Disfrutamos de la naturaleza de la Sierra Fría en el campamento.

en tus manos

Encomendando mi vocación.

si no permanezco en él

TAMPOCO PERMANEZCO EN MÍ

Homilía III domingo de cuaresma

Homilía III domingo de cuaresma

hOMILÍA

III DOMINGO DE CUARESMA

Cuando el libro del Éxodo nos narra cómo Yahvé entrega a Moisés las tablas de la ley, el texto parece referirse tanto a una revelación como a una ocultación. Dios encarga a su elegido una cuidada preparación del espacio en el que van a encontrarse, con suficiente distancia del resto del pueblo, que debe quedar al margen. Solo Moisés puede encontrarse con Dios, tanto en la primera como en la segunda entrega de la ley. Oscuridad, nube, el velo que cubre el rostro de Moisés después de sus encuentros con Dios son símbolos que ocultan y que se contraponen al fuego con el que Dios se manifiesta y a la luz que transmiten sus palabras para el pueblo.

La ley no es un listado de prohibiciones sino que quiere ser un camino luminoso por el que el pueblo puede avanzar hacia Yahvé. Esa ley comienza reclamando hacer memoria de quién es este Dios:

«Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud.

No tendrás otros dioses frente a mí».

A continuación, el relato nos presenta una serie de recomendaciones para vivir en esta nueva senda propuesta: no te harás ídolos; no pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso; fíjate en el sábado para santificarlo. Estos primeros, que en nuestras imágenes más modernas vemos grabados en la primera piedra, son los mandatos que nos mantienen en una buena relación con Dios. Los restantes, en la segunda piedra, nos hablan de cómo mantener buenas relaciones con los hermanos y hermanas.

Quizás, han pasado demasiados siglos y los teólogos y teólogas han dicho ya demasiadas cosas sobre estos Mandamientos como para intentar ser originales ahora. Pero como decíamos en la introducción, en este nuevo tiempo de Cuaresma que vivimos en plena pandemia, quizás la ley que Dios entrega a Moisés nos pueda ayudar a pensar cómo es nuestra relación con Dios y con quienes nos rodean.

¿Nuestro encuentro con Dios nos revela nuevas formas de vivir? ¿Nos ha mostrado nuevos caminos de cuidado para quienes nos rodean y de protección del planeta en el que habitamos? ¿Tenemos en cuenta que la vida de nuestros hermanos y hermanas, especialmente las más débiles y humilladas es tan valiosa como la nuestra y, por tanto, ha de ser defendida y cuidada?

“Él sabía lo que hay dentro de cada hombre”

Como decíamos más arriba, el texto del evangelio hoy también nos sugiere una mirada hacia dentro. En una actitud de Jesús que, quizás, nos descoloca, se arma con un látigo y se enfrenta a los vendedores de animales y cambistas que han convertido el templo en lo que no es, prostituyendo su objeto inicial. «No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». ¡Dejad de quedaros en los superfluo, id a lo interior!, parece decirnos.

El relato de Juan, escrito ya tras la Resurrección y, por tanto, con una nueva comprensión de todo lo acontecido con Jesús nos explica que este se refería a sí mismo y no al templo de Jerusalén. Quizás, lo que nos pueda ayudar hoy es quedarnos con la reflexión sobre el mismo Jesús, de quién dice que “sabía lo que hay dentro de cada persona», en una llamada más a bucear en nuestros corazones.

Y una última reflexión, sobre el texto paulino, que nos puede ayudar en estos tiempos de dolor para tantos y tantas. «Nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles». La primera carta a los Corintios nos habla de la cruz, que, siendo un objeto de tortura, hemos convertido en objeto de decoración. No podemos acabar, fácilmente, con el dolor y la muerte y, menos aún, banalizarlo, porque hay aún muchos millones de hermanos y hermanas nuestras que siguen siendo “crucificadas” en estos días. Pero no nos viene mal recordar que, para nosotros y nosotras, la cruz es símbolo de una entrega, de una persona que se da, y eso es lo que nos salva.

 

Fuente: Reflexiones de los Dominicos.

 

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