Dios se vale de todo…

Dios se vale de todo…

testimonio vocacional

ERICK jOSÉ aLVARADO MÁRQUEZ

nos llama a la vida

Mi nombre es Erick José Alvarado Márquez. Nací en Acapulco, Guerrero, el 21 de octubre de 1987. Soy de la Parroquia de Nuestra Señora del Refugio, en Sandovales. Mis padres son José Alvarado Sánchez y Abigaíl Márquez Bello. Somos cuatro hijos: dos mujeres y dos somos hombres, de los cuales, yo soy el mayor.

 

Mi llamado surge de una manera muy misteriosa. Me encontraba en una etapa de mi vida un poco difícil, porque mi padre estaba enfermo y no sabía qué era lo que tenía. Entonces, yo vivía en Estados Unidos. Creo que Dios se vale de todo para ponernos en el camino que él quiere. Después de un tiempo, cuando mi padre se encontraba a un enfermo, decide ir a un retiro que le cambió la vida. Mis padres se encontraban alejados de Dios, eran católicos de nombre. Pero gracias a ese retiro mi padre supera la enfermedad y comienza una conversión para él. La conversión llegó también a mí; asistí a ese retiro, el cual significó un “empujoncito” para conocer a lo que Dios me llamaba.

experiencia de

mi vocación

mi regalo, mi vocación

Al conocer a Dios, ya no podemos ser iguales, y creo que más de uno lo ha experimentado. Después de eso, decido servir dentro de la misma iglesia; es ahí donde comienza la búsqueda de la respuesta a la pregunta que tal vez todo joven se hace, ¿Qué quieres de mi Señor? Pero no lograba encontrar respuesta; sirviendo y dando lo mejor de mí, había un vacío que no lograba llenar. Sentía que Dios me llamaba a algo más. Dios se valió de su propia palabra, de personas, y de las circunstancias para llegar hacia donde ahora estoy.

Al encontrar esa respuesta de lo que Dios me pedía, no voy a negar que me dio miedo, porque no conocía hacia dónde me dirigía; su palabra resonaba en lo interior:  SÍGUEME; pero Él iba poniendo los medios para lograr dar ese paso. Vivía en un país que no era el mío, muy difícil por el inglés, por otras culturas, pero aun así no me detuvo esa inquietud.

 Cuando estaba seguro que Dios me llamaba, decidí regresar a México; implicó un sacrificio que me costaría mucho, la separación de mi familia. En toda mi vida nunca me había separado de ella. Por lo cual, los primeros meses fueron muy duros. En el transcurso del tiempo, pierdo la esperanza de entrar en un seminario.

Cuando menos lo esperé, Dios ya estaba poniendo a una persona para ayudarme a entrar al Seminario de Aguascalientes. Yo, en mis planes, ya había decidido regresar a los Estados Unidos, pero Dios tenía otros planes. Dice un dicho popular:  “si quieres hacer reír a Dios cuéntale tus planes”, eso sucedió conmigo. Gracias a un gran sacerdote y amigo mío, logré comenzar mi formación en el Seminario en el año 2017.

A pesar de que ha pasado cierto tiempo de haber ingresado al seminario, no me arrepiento de esta decisión. Sin duda, he tenido problemas y circunstancias que me llevan a “romperme”, pero hay algo que mi madre dice y que siempre lo recuerdo: las cosas fáciles no duran, en cambio las difíciles perduran; y así es el camino de Dios, cuesta mucho y dura para la eternidad.

Te pido que ores por nosotros, los seminaristas, para que el Señor de la mies se digne enviar santos sacerdotes, sacerdotes que estén verdaderamente dispuestos a dar la vida por el pueblo de Dios y a mostrar un Dios vivo. Oremos también por esos jóvenes que sienten el llamado a esta vocación, para que se atrevan a dar un Sí generoso. Y tú joven, no tengas miedo de seguir a Dios, con Dios nada pierdes, sino que lo ganas todo.

 

¿que quieres de mí señor?

momentos de mi vida

Misiones Frontera Centla Tabasco

vida en el seminario

Sin duda que la convivencia con los amigos y compañeros hace que la vida en el seminario sea más alegre.

compartiendo amistad

Los compañeros son como la segunda familia que Dios te da.

cercania con los jovenes

En distintas pastorales sirviendo a la juventud en su formación.

experiencias inolvidables 

 Paseando en Cayuco por los pantanos de Centla, fue inolvidable.

 

compartiendo la alegría

Disfrutamos de la vocación con los distintas conviviendo en distintas fiestas internas.

en el hueco de tus dulces manos

Bajo la protección de Nuestra Madre, encomiendo mi vocación.

 

las cosas fáciles no duran, 

en cambio las difíciles perduran

 

Somos discípulos tuyos

Somos discípulos tuyos

SOMOS DISCÍPULOS TUYOS  

Recibí por primera vez mi sotana con mucho gusto y gratitud grandísima un 20 de enero de año 2019.

Antes de contar mi experiencia, quiero decir lo que significa la sotana en la figura del seminarista. Seguramente todos tenemos la imagen de un seminarista, representada como un joven con una sotana, una banda azul y una cota blanca. Y ciertamente no es cualquier atuendo, pues la sotana no es para presumirse o para ostentar, al contrario, en sí misma y por su color negro tan característico, significa pobreza, humildad y, sobre todo, austeridad en la vivencia dentro del mundo al que no pertenece el que la viste. La banda azul significa como tal la pertenencia a María, así como la castidad que debe vivir el que se ciñe con ella, y por último la cota, de un color claro significa la gracia que el portador debe tener para acercarse al altar de Dios.

Pues bien, sabiendo eso quiero narrar a grandes rasgos mi experiencia como: el antes, durante y después de la imposición de sotana. Para empezar, es un evento muy esperado en el primer año del curso introductorio, pues es la coronación de tal etapa. Recuerdo con mucho cariño y hasta “se me eriza la piel” al recordarlo.

Recuerdo que yo me encargue de contactar a las religiosas que iban a confeccionar nuestras sotanas y nuestras cotas, tanto así que ya había agendado desde principios de septiembre, siendo que la imposición sería hasta los últimos días de enero del siguiente año. En este contexto, me viene a la memoria cada visita que hacíamos a la casa del seminario Mayor en ciertos eventos a los que éramos invitados y veíamos a los seminaristas de etapas superiores. Nunca faltaba aquel compañero (o incluso yo mismo) que preguntaba en donde la habían mandado hacer, cuánto había costado, de qué tela estaba hecha, etc. Y no se diga dos o tres semanas antes de la imposición, pues ya sabíamos cómo nos íbamos a revestir, cómo se ponía la banda, nos emocionábamos hasta por el tipo de corte que tendría nuestra sotana, que si romana, que si jesuita o tipo alba y etc. No podíamos esperar más a vernos de negro y ahora sí “pareciendo seminaristas (aunque ya lo éramos)”.  Todos estos sentimientos afloraron más cuándo días antes tuvimos nuestro retiro con el tema principal de lo que conllevaba portar la sotana, la responsabilidad que traía incrustada y la búsqueda de la santidad “que se escondía en el negro asiduo de tan hermosa prenda”.

“Revístanse, pues, del hombre nuevo” Efesios 4, 24

Por fin llegó el momento, muchos no dormimos la noche anterior por la emoción y “le sobraban horas al día” para llegar al Seminario Mayor, donde sería la celebración eucarística. Esa mañana estábamos muy felices, y pasó el tiempo para poder trasladarnos a la Ciudad de Aguascalientes (el curso introductorio está en Pabellón de Hidalgo). En la combi hubo momentos de todo, de mucha emoción, de risa, y otros donde estábamos más calmados, por así decirlo. Cuando llegamos, aún no estaban nuestros familiares (de hecho, para estas fechas se dio el famoso desabasto de gasolina), y el padre que iba a ceremoniar en la misa, se dedicó a ensayarnos para que hubiese las menos equivocaciones posibles. Ya en la capilla, recuerdo claramente que el P. Rector nos exhortaba a no bajar la guardia ante las adversidades y tentaciones, y que nos conserváramos fieles en este llamado que el Señor nos ha hecho. Después de revestirnos, nos arrodillamos alrededor del presbiterio con la sotana en las manos y proclamamos:

“… que la sotana con la que hoy nos hemos revestido, nos recuerde que somos discípulos tuyos; nos exija ser constantes en la oración, alegres y fraternos en nuestras relaciones, humildes y sencillos, austeros y laboriosos, castos y obedientes a ejemplo tuyo, a quien gustosa y libremente seguimos”.

En realidad, me quedo corto al tratar de describir ese momento, pues fue un gran regalo por parte de Jesús, no es cualquier cosa constatar una llamada que se cree que el Señor hizo desde antes de nacer. Lo que guardo en el corazón y con mucho cariño es el contemplar a la imagen de la Virgen de Guadalupe, pues no solo me sentí acogido por Cristo, sino que también, asistido por ella y su maternal protección. A partir de ese momento, supe que no caminaba solo. Claro que, no puedo dejar de lado lo hermoso que es que esté la familia, los que siempre me van a apoyar aún en las mayores equivocaciones y tropiezos; mi madre no paraba de llorar y veía mucha satisfacción (aunque extrañeza) en el rostro de mi padre.

En fin, es asombrosa la aventura que se vive en torno al Señor Jesús, indescriptibles e incontables las gracias que el Buen Dios me ha regalado durante toda mi vida. No me arrepiento de haber emprendido esta fantástica travesía de la mano del Buen Pastor y mucho menos de haberle dicho un primer “si quiero”. Así también le agradezco al Gran Dueño de mi vida por los amigos que me ha regalado en mi caminar, pues me queda claro que, si bien no estoy aquí para hacer amigos, los que he atesorado como mis compañeros de camino son “pura gracia”.

 

Si llegaste hasta aquí, no desesperes y presta atención: Dios pone los medios, tú respóndele y opta por él. Si eres un chavo que cree tener vocación, ¡no tengas miedo! Si eres un padre o madre de familia, un hermano o amigo de algún llamado por Jesús, pide por él, motívalo.

Así la palabra de Dios nos dice: “Si te has decidido a servir al Señor, prepárate para la prueba” (Eclesiástico 2, 1-3).

Este es un camino solo para valientes ¿estás dispuesto a empezar la carrera? No te arrepentirás.  

 

Envía operarios a tu mies.

Edgar Laris Ruvalcaba

En pandemia me quedé vacío

En pandemia me quedé vacío

testimonio vocacional

héctor rodrigo moreno lozano

dios

nos llama a la vida

Mi nombre es Héctor Rodrigo Moreno Lozano. En estos momentos me encuentro cursando el año de la etapa propedéutica. Pertenezco a la parroquia de los Santos Arcángeles, en la ciudad de Aguascalientes. Nací el 11 de febrero de 1997, en la ciudad de Aguascalientes, Ags. 

Mi papá se llama Héctor Moreno Oviedo y mi mamá Irma Lozano Fernández. Mi familia está conformada por mamá, papá y cinco hijos, de los cuales soy el único hombre.

El llamado de Dios surge en mi vida desde muy pequeño. Cuando me preguntaban sobre lo que quería ser de grande, respondía que quería ser sacerdote. Afortunadamente nací en una familia católica, que trataba de ser constante en la religión, y por eso tomaba el sacerdocio como una posibilidad.

experiencia de

mi vocación

mi regalo, mi vocación

Fui creciendo, pero evité constantemente entrar al seminario. Incluso saliendo de preparatoria, me lo cuestioné mucho sin que nadie lo supiera; pero decidí meterme a la universidad y buscar la vocación del matrimonio. La promoción vocacional del seminario me movía y me movía cada verano, desde que había salido de la preparatoria. Pero yo le ponía pretextos a Dios para no entrar: la universidad, mis actividades extracurriculares, mi trabajo, mi novia, todo lo ponía de pretexto.

En pandemia me quedé vacío, todo lo que le ponía de pretexto, ya no lo tenía; y en cambio, tenía un alma vacía y deseosa de probar aquello que me aturdía todos los veranos. Fue ahí cuando me di cuenta de que no podía seguir alargando este llamado, y dándome cuenta de mi vacío, me percaté de que la única forma de llenarlo era con Dios, y probando la experiencia del seminario que tanto me había llamado.

En estos momentos, estoy discerniendo mi vocación por el sacerdocio, dado que es para mí una labor en la que te entregas completamente a Dios para salvar y cuidar lo más valioso que hay en esta vida, y me refiero a las personas. El sacerdocio, permite ser colaborador directo de Cristo, y ÉL hace que tus talentos se pongan al servicio del Reino.

me quedé vacío

El sacerdocio es una gracia otorgada por Dios; si sientes el llamado, es porque Dios tiene un plan mil veces mejor para ti y, junto con ese plan, Dios te ofrece la felicidad eterna. 

Recuerdo un suceso relevante en mi vida. Cuando tenía la edad de 13 años me cuestioné sobre mi vocación en un retiro de Semana Santa (que, por cierto, fui porque mi madre me obligó a ir). Fue un momento que utilicé para discernir sobre mi vocación. En ese retiro, tuve una experiencia con un sacerdote, que me resolvió dudas, que en su momento tenía. En ese tiempo de aislamiento me cuestioné mucho sobre mi capacidad para salvar pocas o muchas almas, eso lo tenía en mi mente, y nadie sabía que pensaba en ello.

Foto: práctica de innovación en la universidad.

momentos de mi vida

Misiones en Iztacapa

Convivencia de Resurrección en Iztacapa

Misiones en Pasito de San Francisco

Misiones en Alaquines

vida en el seminario

Todos tenemos experiencias extraordinarias en la vida de formación dentro del seminario; cada uno descubre a Dios en cada momento de grandeza que jamás se volverán a repetir.

compartiendo amistad

Momentos de recreación en el deporte.

experiencia de preseminario

Visita del Obispo “Chema” a la casa del introductorio.

fiesta patronal

Celebramos la fiesta del Beato Miguel Agustín Pro, nuestro patrono.

compartiendo la alegría

Disfrutamos de la naturaleza de la Sierra Fría en el campamento.

en tus manos

Encomendando mi vocación.

si no permanezco en él

TAMPOCO PERMANEZCO EN MÍ

Somos discípulos tuyos

Somos discípulos tuyos

Somos discípulos tuyos  

 

Recibí por primera vez mi sotana con mucho gusto y gratitud grandísima un 20 de enero de año 2019.

Antes de contar mi experiencia, quiero decir lo que significa la sotana en la figura del seminarista. Seguramente todos tenemos la imagen de un seminarista, representada como un joven con una sotana, una banda azul y una cota blanca. Y ciertamente no es cualquier atuendo, pues la sotana no es para presumirse o para ostentar, al contrario, en sí misma y por su color negro tan característico, significa pobreza, humildad y, sobre todo, austeridad en la vivencia dentro del mundo al que no pertenece el que la viste. La banda azul significa como tal la pertenencia a María, así como la castidad que debe vivir el que se ciñe con ella, y por último la cota, de un color claro significa la gracia que el portador debe tener para acercarse al altar de Dios.

Pues bien, sabiendo eso quiero narrar a grandes rasgos mi experiencia como: el antes, durante y después de la imposición de sotana. Para empezar, es un evento muy esperado en el primer año del curso introductorio, pues es la coronación de tal etapa. Recuerdo con mucho cariño y hasta “se me eriza la piel” al recordarlo.

Recuerdo que yo me encargue de contactar a las religiosas que iban a confeccionar nuestras sotanas y nuestras cotas, tanto así que ya había agendado desde principios de septiembre, siendo que la imposición sería hasta los últimos días de enero del siguiente año. En este contexto, me viene a la memoria cada visita que hacíamos a la casa del seminario Mayor en ciertos eventos a los que éramos invitados y veíamos a los seminaristas de etapas superiores. Nunca faltaba aquel compañero (o incluso yo mismo) que preguntaba en donde la habían mandado hacer, cuánto había costado, de qué tela estaba hecha, etc. Y no se diga dos o tres semanas antes de la imposición, pues ya sabíamos cómo nos íbamos a revestir, cómo se ponía la banda, nos emocionábamos hasta por el tipo de corte que tendría nuestra sotana, que si romana, que si jesuita o tipo alba y etc. No podíamos esperar más a vernos de negro y ahora sí “pareciendo seminaristas (aunque ya lo éramos)”.  Todos estos sentimientos afloraron más cuándo días antes tuvimos nuestro retiro con el tema principal de lo que conllevaba portar la sotana, la responsabilidad que traía incrustada y la búsqueda de la santidad “que se escondía en el negro asiduo de tan hermosa prenda”.

“Revístanse, pues, del hombre nuevo” Efesios 4, 24

Por fin llegó el momento, muchos no dormimos la noche anterior por la emoción y “le sobraban horas al día” para llegar al Seminario Mayor, donde sería la celebración eucarística. Esa mañana estábamos muy felices, y pasó el tiempo para poder trasladarnos a la Ciudad de Aguascalientes (el curso introductorio está en Pabellón de Hidalgo). En la combi hubo momentos de todo, de mucha emoción, de risa, y otros donde estábamos más calmados, por así decirlo. Cuando llegamos, aún no estaban nuestros familiares (de hecho, para estas fechas se dio el famoso desabasto de gasolina), y el padre que iba a ceremoniar en la misa, se dedicó a ensayarnos para que hubiese las menos equivocaciones posibles. Ya en la capilla, recuerdo claramente que el P. Rector nos exhortaba a no bajar la guardia ante las adversidades y tentaciones, y que nos conserváramos fieles en este llamado que el Señor nos ha hecho. Después de revestirnos, nos arrodillamos alrededor del presbiterio con la sotana en las manos y proclamamos:

“… que la sotana con la que hoy nos hemos revestido, nos recuerde que somos discípulos tuyos; nos exija ser constantes en la oración, alegres y fraternos en nuestras relaciones, humildes y sencillos, austeros y laboriosos, castos y obedientes a ejemplo tuyo, a quien gustosa y libremente seguimos”.

En realidad, me quedo corto al tratar de describir ese momento, pues fue un gran regalo por parte de Jesús, no es cualquier cosa constatar una llamada que se cree que el Señor hizo desde antes de nacer. Lo que guardo en el corazón y con mucho cariño es el contemplar a la imagen de la Virgen de Guadalupe, pues no solo me sentí acogido por Cristo, sino que también, asistido por ella y su maternal protección. A partir de ese momento, supe que no caminaba solo. Claro que, no puedo dejar de lado lo hermoso que es que esté la familia, los que siempre me van a apoyar aún en las mayores equivocaciones y tropiezos; mi madre no paraba de llorar y veía mucha satisfacción (aunque extrañeza) en el rostro de mi padre.

En fin, es asombrosa la aventura que se vive en torno al Señor Jesús, indescriptibles e incontables las gracias que el Buen Dios me ha regalado durante toda mi vida. No me arrepiento de haber emprendido esta fantástica travesía de la mano del Buen Pastor y mucho menos de haberle dicho un primer “si quiero”. Así también le agradezco al Gran Dueño de mi vida por los amigos que me ha regalado en mi caminar, pues me queda claro que, si bien no estoy aquí para hacer amigos, los que he atesorado como mis compañeros de camino son “pura gracia”.

 

Si llegaste hasta aquí, no desesperes y presta atención: Dios pone los medios, tú respóndele y opta por él. Si eres un chavo que cree tener vocación, ¡no tengas miedo! Si eres un padre o madre de familia, un hermano o amigo de algún llamado por Jesús, pide por él, motívalo.

Así la palabra de Dios nos dice: “Si te has decidido a servir al Señor, prepárate para la prueba” (Eclesiástico 2, 1-3).

Este es un camino solo para valientes ¿estás dispuesto a empezar la carrera? No te arrepentirás.  

 

Envía operarios a tu mies.

Edgar Oswaldo Laris Rubalcava

FELIZ Y CONTENTO

FELIZ Y CONTENTO

testimonio vocacional

pbro. josé ángel márquez gonzález

dios

nos llama a la vida

Me bautizaron con el nombre de José Ángel Márquez González, nací el 20 de marzo de 1970 en Teocaltiche, Jalisco. Ingresé al Seminario Diocesano cuando tenía 15 años, un día 5 de septiembre de 1985, a las cinco de la tarde. Yo quería ser sacerdote, no puedo identificar el momento preciso en que el Señor me llamó, pero Él se manifestó en mi vida de muchas formas y maneras;

y durante mi vida de seminario me fue dando las herramientas necesarias para ir respondiendo a las obligaciones de la misma formación en un constante discernimiento para entregar la vida. Durante el seminario eran y son para mí un gran ejemplo y testimonio todos los formadores que me acompañaron en mi proceso vocacional.

experiencia de

mi vocación

mi mejor regalo, el sacerdocio

Cuando yo entraba en crisis de querer dejar el seminario y optar por otra vida me era suficiente ver a mis maestros y formadores, porque yo decía: si ellos que son tan inteligentes y capaces han optado en su vida por el sacerdocio eso es signo de que es lo mejor que Dios le puede regalar al ser humano, la gracia de traer a este mundo su Cuerpo y su Sangre, como alimento para la humanidad, no hay regalo más grande que éste, la presencia de Nuestro Señor en la Santa Eucaristía. Ya lo dijo San Juan Pablo II: “la Iglesia vive de la Eucaristía y la Eucaristía hace a la Iglesia; y el sacerdote y la Eucaristía, viven íntimamente en el misterio de la contemplación”.

Me consagré Diácono en mayo de 1996, desempeñé mi ministerio en la parroquia de la Sagrada Familia de Encarnación de Díaz, Jalisco. Me ordené sacerdote el 6 de junio de 1996, de manera que el Señor me ha sostenido durante estos ya casi 25 años de ministerio. He sido destinado cuatro años de mi vida recién ordenado a la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en Pabellón de Arteaga, mi Señor cura fue el Padre Salvador Salas Obregón, luego fui destinado a la Parroquia de San Leonardo Murialdo, durante 12 años, ahí aprendí a

ser párroco, bueno ahí comencé porque nunca dejas de aprender, tengo muchas historias en torno a mi parroquia, porque yo era inexperto, pero ese es un signo de que es Dios quien siempre ha sostenido mi vida. Luego fui destinado a la parroquia de Santa María Reina, Cd; durante 5 años como párroco y estando yo tranquilo y sereno como párroco y decano es cuando el Señor me sorprende y me llaman a desempeñar mi ministerio en el Seminario como prefecto de Disciplina en la etapa discipular o filosófica y aquí estoy feliz y contento ya casi cumpliendo cuatro años acompañando a los muchachos y siendo capellán del convento de las Carmelitas descalzas.

feliz y contento

parroquias
  en mi ministerio

San Leonardo Murialdo

Misiones en Tabasco

Santa María Reina

Nuestra Señora de Guadalupe

vida en el seminario

Todos tenemos experiencias extraordinarias en la vida de formación dentro del seminario; cada uno descubre a Dios en cada uno de esos momentos de grandeza que jamás se volverán a repetir.

ordenación diaconal

Entregados al Señor en su servicio al pueblo.

ordenación presbiteral

Ofreciendo nuestra vida para salvación de todos.

experiencia de dios

Compartiendo lo más importante con mis alumnos, la Eucaristía.

compartiendo la vida

Se celebra con alegría y algazara lo que Dios nos da.

Paseo de integración

Alumnos del seminario paseando en la Sierra Fría.

llegamos sin conocernos

VIVIMOS SIN AMARNOS Y MORIMOS SIN LLORARNOS

Llamó a los que Él quiso

Llamó a los que Él quiso

Llamó a los que Él quiso…

 

 

 

¿Qué se puede decir ante un misterio tan grande, ante un llamado tan hermoso que no se alcanza a comprender del todo, pero que te llena por completo hasta el punto de querer entregar la propia vida para ganar a quien lo es Todo?

No recuerdo el momento exacto donde nació en mí el deseo de ser sacerdote. Es verdad que hay ciertas experiencias que te marcan de tal manera que el solo recordarlas te enchina la piel, sin embargo, creo que el llamado de Dios es más que un momento preciso, es todo un plan divino que se va descubriendo a través de la experiencia del amor de Dios. ¡Es sorprendente cómo Dios se vale de cosas tan sencillas para hablar con nosotros!

Todavía era pequeño cuando dije a mi mamá que quería ser sacerdote. ¿Cómo es que un niño de apenas 8 o 9 años aspire a algo tan grande como el sacerdocio? Y me sorprende aún más reconocer que mi familia no siempre fue muy religiosa, quizá por eso pensaban que mi intención cambiaría con el paso del tiempo.

Aún recuerdo el día en que me invitaron como “monaguillo” en la Iglesia. Allí fue donde tuve el primer contacto cercano con un sacerdote; su testimonio de vida, su alegría y sencillez consolidaron aún mas mi deseo. Me sorprendía su entrega por los más necesitados, ¡nunca había conocido a alguien que entregará su vida de esa manera a los demás!, pues a pesar del cansancio, siempre nos contagiaba de su alegría. Este gran sacerdote se convertiría en mi compañero, confesor y amigo hasta ingresar al seminario. ¿Cómo olvidar aquellos campamentos donde tuve la oportunidad de convivir con otros sacerdotes y con otros jóvenes que compartían los mismos ideales que yo?

Mi propósito seguía firme… de ser monaguillo, pase a formar parte del coro y mi familia se comenzó a acercar aún mas a la Iglesia, hasta el punto de convertirse en servidores. Todo marchaba a la perfección, pero cuando ingrese a la preparatoria las dudas comenzaron a surgir… podría formar una familia y seguir sirviendo en mi parroquia; mis maestros decían que podría tener un gran futuro como profesionista, e incluso, comenzaba a hacer planes con algunos amigos sobre carreras universitarias. ¡Llegó el momento en que todo era tan confuso… las dudas aumentaban y el tiempo pasaba más rápido que nunca! ¡Ya solo me quedaba esperar!

“Llamó a los que Él quiso …para que estuvieran con Él”

Marcos 3, 13-14

Como mi capellanía acababa de ser construida, el párroco decidió que Jesús Eucaristía se quedaría de manera fija. Yo comencé a acompañar a mi mamá para que no estuviera sola; al principio me costaba mucho rezar, pero, poco a poco el aburrimiento se convirtió en dicha, las visitas al Santísimo se hicieron más largas y de casi todos los días. Me gustaba mucho quedarme solo en la capilla, con la puerta cerrada y con una guitarra para estar en oración.

Cada vez faltaba menos para terminar la preparatoria y yo seguía con muchas dudas, hasta que… un día, mientras me encontraba solo frente al sagrario, preguntando a Jesús lo que quería de mí, tocaron a la puerta… era una religiosa que, al darse cuenta de que estaba yo solo, me dijo: – ¿apoco tienes todo esto solo para ti? -, hizo un momento de oración y antes de retirarse me sonrió y dijo: – ¿no te gustaría ser sacerdote? -, yo no supe que responder… ¿Cómo podía tomar aquella pregunta?, ¿se trataba de una coincidencia o era la voz de Dios que me invitaba a seguirlo?-, al final solo dije: – si Dios así lo quiere, yo también. A partir de ese momento, mi deseo por entrar al Seminario resurgió en mi interior con mucha mas fuerza que antes.

¡Entonces sucedió! Apareció la causa de mi decisión por una vida de entrega total a Dios y a mis hermanos

Faltaban solo unos meses para vivir el Pre-Seminario, mi párroco me había recomendado realizar un horario para tener una idea de la vida del Seminario, dando una gran importancia a los momentos de oración.

Sin duda que, el miedo a lo desconocido nunca se termina; a pesar de que ya estaba más convencido de lo que quería, aún continuaba con muchas dudas. No fue, sino, hasta una vigilia de Pentecostés, organizada por el grupo juvenil, que el miedo se convirtió en luz, pues en ese momento tome el valor para dar el último paso y prepararme para vivir el Pre-Seminario…  

Han pasado un poco más de dos años desde que decidí decirle sí al Señor y puedo decir que han sido de los mejores años de mi vida.

Es tan emocionante darte cuenta, que el sueño de aquel niño, ahora se hace realidad, y darte cuenta de lo que Dios va haciendo en tu vida…

Pues, el Seminario, más que una casa de formación, es un lugar muy privilegiado para el encuentro con el Dios del amor… ese mismo encuentro que tuvieron los apóstoles, los santos y tantas personas, a lo largo de la historia, que les movió a entregar toda su vida. 

A pesar del tiempo transcurrido, aún me sorprende ser seminarista, algunas veces, en la capilla, observo a mi alrededor… veo mi sotana y… se me enchina la piel al pensar que el Señor me concede cumplir ese sueño que se fue fraguando en mi interior desde hace varios años.

Es cierto que he encontrado dificultades, y no es de extrañar, pues no es fácil, ya que lo dijo Jesús a quien se atrevía a seguirlo: “negarse a si mismo, tomar la cruz y seguirlo” (Mt. 16, 24). El miedo, las dudas, los retos e incluso decepciones, no han desaparecido, pero es justamente aquí, donde el amor de Dios se manifiesta y donde se hacen presentes aquellas palabras de Jesús a sus discípulos: “ ¡Ánimo! Soy yo, no tengan miedo” (Mt. 14, 27) … “Yo estaré con ustedes, todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20).          

Que ¿por qué soy seminarista? No es algo fácil de responder, pero estoy seguro de una cosa, “soy seminarista porque Dios me ama”; no por tener grades méritos ni mucho menos, sino solo porque Él se fijó en mí…

Envía operarios a tu mies.

Misael Llamas Cervantes