Historia de mi vocación 

 

Mira a tu alrededor y observa la mirada de cada persona, de aquella que va caminando por la calle, en el transporte público, de camino al trabajo, en la escuela… aparentemente todos van inmersos en su vida ordinaria, pero…hay algo que brota en ti y te hace ver más allá de lo superficial ¿notas algo en su mirada?, en efecto, la mayoría de esas personas poseen un semblante de preocupación, desesperanza, vacío, tristeza, desesperación…. Todo esto te mueve a cuestionarte el porqué y durante un par de semanas este conflicto inunda tus pensamientos e intentas dar respuesta; inconscientemente estás iniciando una búsqueda que podría cambiar tu vida.

Pasan los días, dentro de ti hay una inquietud que anteriormente habías descubierto, pero por diversos motivos lo dejabas de lado; miles de preguntas siguen rondando en tu mente, en especial con un tinte existencial… ¿quién soy y a dónde voy? tal parece que una revolución surge en ti y te mueve a ir contra corriente, es una inquietud que indudablemente te llena de plenitud. Poco a poco comienzas a comprender el profundo vacío de las personas y reconoces que el semblante de la mirada en aquellas personas reside en que los hombres no saben amar, me refiero al amor en su sentido más profundo y puro, tal vez porque no han conocido al verdadero Amor, y este Amor es consecuencia de un encuentro personal, Dios. Pasa el tiempo y al fin entiendes que los hombres se han alejado de Dios. En medio de la oscuridad resplandece una luz y descubres que es Él, Aquel que te llama por tu nombre para hacer algo grande. Tal parece que todo esto te causa una enorme plenitud después de haberte preguntado ¿quién soy y a dónde voy?; llegan a tu mente estas dos grandes preguntas que cambiarán el rumbo de tu existir ¿quién es Dios y qué quiere de mí?…

Solo hay verdadera formación cuando las diversas facultades que intervienen en el actuar humano —la razón, la voluntad, la afectividad— están integradas: no pelean, sino que colaboran”.

San Josemaría Escrivá.

Inexplicablemente algo de ti se inclina ante un sentimiento de trascendencia, algo te mueve a dejarlo todo e ir detrás de un proyecto que está más allá de tus planes… El mundo te ofrece miles de opciones para dirigir tu vida por diversos senderos, estás a punto de tomar una decisión para encaminarte hacia algún proyecto de vida, de pronto te das cuenta de que puedes hacer la diferencia con tu vida, descubres tu riqueza para ser luz en medio de la oscuridad. No sabes qué hacer, estás dudoso.

El Señor cada día te llama y te dice: “ven y sígueme”. Es ahí, en ese momento, en que deslumbra en tu interior el deseo de ser sacerdote.

El sacerdote es aquel hombre llamado por Dios para ser su instrumento, en su humanidad encarna los sentimientos de Cristo buen pastor, lleva una vida consagrada a Dios por medio de su pueblo…yo ¿sacerdote? y ¿por qué no?

En esto descubrirás el sentido de tu vida, al emprender esta aventura encontrarás dificultades y retos, sin embargo a cada momento resonará la promesa de Dios al estar contigo en cada momento; a cada paso sentirás la alegría de vivir, de esta forma sabrás que estás en el camino correcto.

Dejarás a tu familia y amigos, pero en el camino encontrarás a más personas que te ayudarán a dar una respuesta generosa. Esta podría ser tu historia, ¿te atreves a escuchar tu propia historia en la voz de Cristo?

Envía operarios a tu mies.

Sinuhé Baruc Jiménez Dávila