«DAR A DIOS LO QUE LE PERTENECE».

XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO,

CICLO A

PBRO. RICARDO ALONZO CAPUCHINO

VICARIO DE LA PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

Homilía Dominical

Desde hace algunos domingos, Jesús se ha dirigido a las principales autoridades del pueblo de Israel para hacerles ver su forma equivocada de hacer que su presencia reine, y como la toma de sus decisiones ha influido para que, lejos de agradar a Dios, ellos tengan autoridad y distinción dentro del pueblo. Por ello, Mateo nos presenta un pasaje donde Jesús pone de manifiesto una necesidad que es vital para nuestra relación con Dios y que de esta manera se evite suplantar la autoridad que Él tiene sobre los hombres. “Dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar.”

En esta frase que es tan familiar para nosotros, y tan usada últimamente, Jesús no habla de la separación de “poderes”, como si el “Cesar” tendría que ocuparse de sus asuntos y Dios de los suyos; Jesús esta sugiriendo algo mas profundo, devolver a Dios lo que le pertenece, pero ¿Qué es de Dios?

Dentro del relato observamos que Jesús pide una moneda para ver la imagen en ella inscrita, la que se usaba para pagar al Cesar lo suyo, y que además tenía su efigie. Lo que le “pertenece” al Cesar, esta claro, es el tributo que todos los pueblos del imperio debían pagar puntualmente, como un signo del reconocimiento de su poder y dominio. Su “imagen” era signo de apropiación, de poder, de autoridad. Jesús no niega los deberes civiles, al contrario, en justicia hay que hacer lo civilmente correcto, optando por la justicia, la igualdad y el respeto, buscando el bien común.

La denuncia de Jesús es sobre lo que el Cesar quiere apropiarse para sí, la persona humana. Devolver a Dios lo suyo es dejar que el hombre sea libre de frente al poder humano que busca someterlo y arrebatarle su integridad, su autonomía, su capacidad de amar, etc. Con esto Jesús nos recuerda que cada hombre lleva inscrito en lo mas profundo de su ser la imagen de Dios, la chispa divina que lo hace ser diferente al resto de lo creado; y que es necesario devolver a Dios lo suyo, pues ningún poder sobre la tierra tiene la autoridad para hacer con lo que es de Dios, lo que se quiera. Recuperemos también nosotros la imagen que Dios a labrado con amor en nuestro interior y no dejemos que el poder humano trate de borrar lo que Dios ha puesto en nosotros. 

Por la Virtud.

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