Virgen María,

rosa  mística…

Evangelización

La Iglesia católica puede adquirir, retener, administrar y enajenar bienes temporales para alcanzar sus propios fines (CIC 1254,1); específicamente tiene esta tarea para hacer llegar a sus miembros a una espiritualidad plena, a través de la devoción de imágenes como obras de arte, que elevan el espíritu de admiración y belleza estética en nuestras almas; la misma Iglesia posee tesoros de esta categoría de los cuales cuida y hace cuidar con sensibilidad.

Era otoño de 1919, con gran admiración y asombro, todo el pueblo de Aguascalientes recibió la singular y bella imagen de la Virgen de la Asunción como patrona de nuestros corazones… Todo estaba quieto en aquella recién Catedral de la Villa de las Aguas Calientes; al centro de la misma, un ciprés se presentaba como  verdadero trono hecho de mármol a fin de resguardar a “Nuestra Señora de Aguascalientes”, ––dijo el entonces Obispo Don Ignacio Valdespino y Díaz––, quien adquirió dicha imagen que aún veneramos.

Desde Barcelona, España, viene viajando una gran obra de arte catalán hasta el “continente de la esperanza”, ––como lo llamaría el Papa Juan Pablo II––, para desembarcar en el puerto de Veracruz y luego trasladarse a la Ciudad de México. Posteriormente, por los caminos de hierro llegaría a Aguascalientes con una entrada triunfante. “Fue así que en alguno de esos talleres artesanales, el arte divino plasmó la imagen de la Reina del Cielo. Fueron las manos del artista catalán quien robó del cielo el diseño y el modelo artístico de la escultura de una mujer que por unos instantes bajó del cielo, para quedar grabada en la Virgen María en su advocación de la Asunción”. 

Las grandes devociones marianas estaban, y siguen muy marcadas en nuestros días en México, tan es así que… “desde el Río Bravo hasta el Usumacinta, desde el Océano Pacífico hasta el Golfo de México, de las tierras de indígenas, criollas y mestizas, de las altas montañas y volcanes ardientes se difundió el Evangelio de Cristo con la suave y tierna voz de la Virgen María, de ahí que podamos gritar que ¡México es mariano por naturaleza!”. 

––Quiero estar presente donde todos mis hijos… ellos de corazones cálidos que se admiran de mi presencia y no desfallecen en orar a Dios Padre que interceda a través mío para llevarles consuelo…––

Una bella flor se puede expresar desde lo profundo de nuestro ser, todos podemos admirar grandes obras de arte como la imagen antes mencionada, sin embargo, existen tantas obras que pueden ser admiradas y veneradas con gran delicadeza y recogimiento cristiano. 

Por mencionar algunas, propias de nuestra Diócesis, hagamos una pequeña peregrinación para conocerlas. Este caminar va desde Los Azulitos, Jal., hasta el norte del Estado en Asientos. ––Llegando a nuestro primer destino honramos a la también imagen de la Virgen en su advocación de la Asunción, cuya figura religiosa de madera blanca se veneraba en la entonces Parroquia de la Villa de las Aguas Calientes, ahora Catedral; aquellos detalles propios de su tiempo la hacen lucir esplendorosa. Siguiendo nuestro peregrinar nos lleva al centro de la ciudad, en la iglesia de San Diego, con la bella imagen de la Inmaculada Concepción que contemplamos allá en lo alto, en su trono de Madre de Dios y nos observa a nosotros sus hijos. Continuamos el camino por las calles centenarias de la ciudad para llegar a uno de los barrios más legendarios, la iglesia de San Marcos,––como mayormente se conoce–– aquí encontramos a la figura de Nuestra Señora del Carmen, ataviada con un ropaje glorioso que la hace lucir una inmensa ternura. De ahí nos vamos a un lugar vecino y también barrio pilar de la fundación de la ciudad, Guadalupe, que en su iglesia encontramos a Nuestra Señora de Guadalupe, que aunque no es escultura, sí está plasmada por el pincel del cielo en una pintura, y que se destaca en los ojos de los fieles. Desde este barrio, nos trasladamos hasta Asientos, Aguascalientes para deleitarnos con la hermosura de la imagen de Nuestra Señora de Belén, en la que percibimos un delicado trabajo de manos verdaderamente artesanas y que la modelaron con el corazón––.

Valdría la pena que hagas esta peregrinación junto con nosotros en alguno otra ocasión que te sea posible querido lector, sólo para darte cuenta del gran valor y tesoro con el que cuenta nuestra Diócesis y aprendamos a valorar y respetar nuestras imágenes religiosas como se merecen, así ayudar a la Iglesia en su sostenimiento y el cuidado de este valiosísimo arte. Es importante recordar que los fieles tienen libertad para aportar bienes temporales en favor de la Iglesia (CIC 1261,1).

Esteban Márquez González