Domingo XXI del Tiempo Ordinario

 

Pbro. Everardo González Martínez

Fe y espiritualidad

En estos últimos domingos, han aparecido algunos personajes centrales en el Evangelio dominical, fariseos, publicanos, la viuda… y en este domingo XXXI del tiempo ordinario, el Evangelio vuelve a presentar a un publicano, en esta ocasión con un nombre en concreto, Zaqueo, quien tiene un encuentro personal  con Jesus . ¿Quién era Zaqueo? Un hombre rico, que ejercía el oficio de «publicano», es decir, de recaudador de impuestos por cuenta de la autoridad romana, y precisamente por eso era considerado un pecador público.

 

Al saber que Jesús pasaría por Jericó (ciudad comercial y rica, cerca del Río Jordán), aquel hombre sintió un gran deseo de verlo, pero, como era bajo de estatura, se subió a un árbol. Jesús se detuvo precisamente bajo ese árbol y se dirigió a él llamándolo por su nombre:  «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy debo alojarme en tu casa».

 

 

Jesús nos vuelve a demostrar su predilección hacia los pecadores; y a quienes todos consideraban despreciables, ninguno creía que Zaqueo podía cambiar, sin embargo la gracia de aquel encuentro imprevisible fue tal que cambió completamente la vida de Zaqueo:  «Mira, le dijo a Jesús, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más».

 

Con ese encuentro personal de Zaqueo y de Jesús, vemos como Dios no excluye a nadie, ni a pobres y ni a ricos. Dios no se deja condicionar por nuestros prejuicios humanos, sino que ve en cada uno un alma que hay que salvar. Lo mismo sucede con cada uno de nosotros , Dios nos busca, y nunca se cansa de buscarnos, quiere transformar nuestra vidas, y que lo recibamos en nuestros corazones.

 

En el sacramento de la confesión, es donde experimentamos ese encuentro de nuestra miseria, y nuestros pecados, y donde Dios nos abraza con su misericordia, Dios no nos condena, sino que nos perdona, y busca siempre salvar al pecador, ofrecerle la posibilidad de rescatarse, de volver a comenzar, de convertirse. No tengas miedo de encontrarte con Dios, ábrele tu corazón y bendice al Señor eternamente.

 

Por la Virtud.

Por la Fe.

Por la Doctrina.

 

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