«Domingo de Ramos de la Pasión del Señor».
DOMINGO DE RAMOS,
CICLO A
Pbro. Joel Pedroza Villalpando
Prefecto Etapa Configuradora
Homilía Dominical
La oración colecta de la celebración eucarística de este día nos ha dicho “Dios […] que quisiste que nuestro Salvador se hiciera hombre y padeciera en la cruz para dar al género humano ejemplo de humildad…” Con la celebración de domingo de ramos, inauguramos la Semana Santa. Lugar especial de la liturgia en el que centraremos nuestra mirada en el Triduo Pascual: pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor.
Las lecturas proclamadas hoy ponen ante nuestros ojos la imagen del ultraje, el despojo y la humillación. Así el profeta Isaías habla de una persona vejada ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos… Es una persona que ante esta realidad no se arredra, no se evade, se mantiene firme y con aplomo. Y san pablo nos ha dicho: Cristo Jesús, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativa de su condición divina, al contrario, se anonadó a si mismo tomando la condición de siervo … hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó la muerte de cruz […] Dios lo exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla, en el cielo, en la tierra y en los abismos… Pablo nos hace probar la kénosis del Hijo. Su abajamiento y humillación. En esta semana asistiremos a la actualización de estos misterios. La kenosis del Hijo que derrota
el poder del mal.
Kénosis, es la palabra que la tradición de la Iglesia adopta de la teología paulina para ayudarnos a comprender y amar este misterio, del Hijo entregado, humillado y exaltado. En el relato de la pasión de san Mateo encontramos una frase “Mi alma está llena de una tristeza mortal. Quédense aquí y velen conmigo”. Es una afirmación estremecedora de Jesús. Es la petición dirigida a nosotros esta semana. El alma se llena de tristeza ante la experiencia del mal, y el mal más extremo ante el que todos nos estremecemos es la muerte. En el padecer la cruz nuestro Señor, enfrenta el mal condensado en la soberbia, orgullo, vanidad de los somos sacerdotes que muy bien nos representan, ese mal será destruido por el Dios que decide dejarse humillar. Esta es la kénosis del Dios que hoy nos da ejemplo de humildad desde su entrada en Jerusalén.
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