CUARESMA TIEMPO DE PREPARACIÓN

¿QUE ES LA CUARESMA?

Tiempo de reflexión de sacrificio y de oración, la cuaresma es el tiempo de nuestro año litúrgico que se remonta con varias prefiguraciones ya que significa cuarenta días, y hacemos alusión a los 40 días y noches que pasó Noé en el arca, por los años pasados en el éxodo hasta llegar a la tierra prometida. Los 40 días que pasó Jesús ayunando en el desierto, cuando fue tentado por satanás, la cuaresma pues, es un tiempo de preparación para llegar a celebrar la pascua y “el domingo de Resurrección, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho participes de su vida inmortal”.

¿CUÁNDO INICIA?

La cuaresma según el ciclo litúrgico va variando año con año, la razón es el calendario lunar, la primera luna llena de primavera es el domingo que inicia la Semana Santa, los judíos la renuevan el día 15 de Nisán.

Inicia con el miércoles de Ceniza, día donde se impone la ceniza a los fieles, recordando que “del polvo somos y al polvo volveremos”. Esta ceniza es signo de renuncia, podemos reducir a ceniza nuestro pecado; es tiempo para acercarnos con mayor entrega al Señor.

 Es necesario darnos cuenta que somos invitados a cambiar de vida, a convertirnos desde un movimiento interno del corazón. En cuaresma podemos hacer nuestro desierto como Jesús que pasó por el desierto 40 días y noches, Él se despojó de comodidades, ruido, alimento, gustos, placeres estuvo en oración y de allí comenzó su misión, así nosotros somos llamados a hacer propósitos que nos ayuden a templar nuestro cuerpo, como ayunar de un alimento de mucho agrado, de la música favorita,  pero sería de mayor beneficio si también ayunamos de envidia, de crítica, de egoísmo, de soberbia, de enojo.  

Es necesario estar en recogimiento, en oración y ayuno.  Algo que nos cuesta tanto en nuestra actualidad es guardar silencio porque estamos en una cultura del ruido, donde es preferible aturdirse que reflexionar en el silencio. Y es bien sabido que en este reflexionar sabremos tomar mejores decisiones en nuestra vida cristiana.

¿QUÉ PUEDO HACER?

El ayuno, no solo de alimento, sino de aquello que nosotros sabemos está mal y que necesitamos erradicar en nuestras vidas. Al mismo tiempo, el ayuno se acompaña del compartir con otros lo que poseemos.

Con la limosna podemos ayudar a la persona necesitada, pero que dicha acción no se muestre como obligada, que sea nuestra misma donación y amor por el prójimo el que nos motive a hacerlo, porque puedo dar algo, pero si mi corazón está más empolvado que un mueble no tiene caso que lo haga.

Cada acción con amor, es generosa y fructífera que desinteresadamente nos lleva como comunidad a ofrecer aquello con amor a nuestros hermanos. Es importante hacerlo desde el interior sin anunciarlo con trompeta, es propio que nos parezcamos a Cristo, que nuestro deseo de conversión motive a nuestros hermanos acercarse al que dio la vida por nosotros en un madero.

La oración es un espacio íntimo, de diálogo filial con Dios nuestro Padre, y la mejor forma de hacerla nos la dice el mismo Jesús, cuando dice: “cuando ores entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu padre que está en lo secreto y tu padre que ve lo secreto te recompensará”.

Es entrar en nuestro corazón con la disposición de escuchar la voz de Dios para poder preguntarnos ¿al inicio de esta cuaresma estoy dispuesto a iniciar mi cambio de vida? ¿la cuaresma es solo una festividad que celebramos por tradición? ¿nos quedamos sólo en lo externo o sabemos el sentido de los acontecimientos que celebramos y vivimos en este tiempo?

Que esta cuaresma nos ayude a cambiar nuestra vida, pues para cambiar el mundo, para ayudar a los demás necesito convertirme yo personalmente para cambiar a los demás desde el testimonio.

El Señor nos ama y nos mostró su Amor en la Cruz y un Amor inexplicable, este Amor pareciera una lógica contradictoria cuando dice “amen a sus enemigos, oren por quienes los persiguen”, pero nos confirma “ámense los unos a los otros”.

Dios nunca deja a sus hijos aún con nuestros muchos pecados. El Señor no condena, más bien, animémonos y démonos la oportunidad de que Dios entre a nuestro corazón.

Para el cristiano la vida se presenta como una oportunidad de encuentro con el Señor, no movido por el miedo al infierno, sino por el amor que llama a cada uno a luchar para conquistar el Reino.