III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Santo Padre Francisco

Fe y espiritualidad

Lectura del santo evangelio según san Mateo

Mt 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías: tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.

Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.

Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.

«Jesús comenzó a predicar» (Mt 4,17). Así, el evangelista Mateo introdujo el ministerio de Jesús: Él, que es la Palabra de Dios, vino a hablarnos con sus palabras y con su vida. En este primer domingo de la Palabra de Dios vamos a los orígenes de su predicación, a las fuentes de la Palabra de vida. Hoy nos ayuda el Evangelio (Mt 4, 12-23), que nos dice cómo, dónde y a quién Jesús comenzó a predicar.

1. ¿Cómo comenzó? Con una frase muy simple: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos» (v. 17). Esta es la base de todos sus discursos: Nos dice que el reino de los cielos está cerca. ¿Qué significa? Por reino de los cielos se entiende el reino de Dios, es decir su forma de reinar, de estar ante nosotros. Ahora, Jesús nos dice que el reino de los cielos está cerca, que Dios está cerca. Aquí está la novedad, el primer mensaje: Dios no está lejos, el que habita los cielos descendió a la tierra, se hizo hombre. Eliminó las barreras, canceló las distancias. No lo merecíamos: Él vino a nosotros, vino a nuestro encuentro. Y esta cercanía de Dios con su pueblo es una costumbre suya, desde el principio, incluso desde el Antiguo Testamento. Le dijo al pueblo: “Piensa: ¿Dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como yo lo estoy contigo?” (cf. Dt 4,7). Y esta cercanía se hizo carne en Jesús.

Es un mensaje de alegría: Dios vino a visitarnos en persona, haciéndose hombre. No tomó nuestra condición humana por un sentido de responsabilidad, no, sino por amor. Por amor asumió nuestra humanidad, porque se asume lo que se ama. Y Dios asumió nuestra humanidad porque nos ama y libremente quiere darnos esa salvación que nosotros solos no podemos darnos. Él desea estar con nosotros, darnos la belleza de vivir, la paz del corazón, la alegría de ser perdonados y de sentirnos amados.

Entonces entendemos la invitación directa de Jesús: “Convertíos”, es decir, “cambia tu vida”. Cambia tu vida porque ha comenzado una nueva forma de vivir: ha terminado el tiempo de vivir para ti mismo; ha comenzado el tiempo de vivir con Dios y para Dios, con los demás y para los demás, con amor y por amor. Jesús también te repite hoy: “¡Ánimo, estoy cerca de ti, hazme espacio y tu vida cambiará!”. Jesús llama a la puerta. Es por eso que el Señor te da su Palabra, para que puedas aceptarla como la carta de amor que escribió para ti, para hacerte sentir que está a tu lado. Su Palabra nos consuela y nos anima. Al mismo tiempo, provoca la conversión, nos sacude, nos libera de la parálisis del egoísmo. Porque su Palabra tiene este poder: cambia la vida, hace pasar de la oscuridad a la luz. Esta es la fuerza de su Palabra.

Si vemos dónde Jesús comenzó a predicar, descubrimos que comenzó precisamente en las regiones que entonces se consideraban “oscuras”. La primera lectura y el Evangelio, de hecho, nos hablan de aquellos que estaban «en tierra y sombras de muerte»: son los habitantes del «territorio de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles» (Mt 4,15-16; cf. Is 8,23-9,1). Galilea de los gentiles: la región donde Jesús inició a predicar se llamaba así porque estaba habitada por diferentes personas y era una verdadera mezcla de pueblos, idiomas y culturas. De hecho, estaba la vía del mar, que representaba una encrucijada. Allí vivían pescadores, comerciantes y extranjeros: ciertamente no era el lugar donde se encontraba la pureza religiosa del pueblo elegido. Sin embargo, Jesús comenzó desde allí: no desde el atrio del templo en Jerusalén, sino desde el lado opuesto del país, desde la Galilea de los gentiles, desde un lugar fronterizo. Comenzó desde una periferia.

De esto podemos sacar un mensaje: la Palabra que salva no va en busca de lugares preservados, esterilizados y seguros. Viene en nuestras complejidades, en nuestra oscuridad. Hoy, como entonces, Dios desea visitar aquellos lugares donde creemos que no llega. Cuántas veces preferimos cerrar la puerta, ocultando nuestras confusiones, nuestras opacidades y dobleces. Las sellamos dentro de nosotros mientras vamos al Señor con algunas oraciones formales, teniendo cuidado de que su verdad no nos sacuda por dentro. Y esta es una hipocresía escondida. Pero Jesús —dice el Evangelio hoy— «recorría toda Galilea […], proclamando el Evangelio del reino y curando toda enfermedad» (v. 23). Atravesó toda aquella región multifacética y compleja. Del mismo modo, no tiene miedo de explorar nuestros corazones, nuestros lugares más ásperos y difíciles. Él sabe que sólo su perdón nos cura, sólo su presencia nos transforma, sólo su Palabra nos renueva. A Él, que ha recorrido la vía del mar, abramos nuestros caminos más tortuosos —aquellos que tenemos dentro y que no deseamos ver, o escondemos—; dejemos que su Palabra entre en nosotros, que es «viva y eficaz, tajante […] y juzga los deseos e intenciones del corazón» (Hb 4,12).

3. Finalmente, ¿a quién comenzó Jesús a hablar? El Evangelio dice que «paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos […] que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”» (Mt 4,18-19). Los primeros destinatarios de la llamada fueron pescadores; no personas cuidadosamente seleccionadas en base a sus habilidades, ni hombres piadosos que estaban en el templo rezando, sino personas comunes y corrientes que trabajaban.

Evidenciamos lo que Jesús les dijo: os haré pescadores de hombres. Habla a los pescadores y usa un lenguaje comprensible para ellos. Los atrae a partir de su propia vida. Los llama donde están y como son, para involucrarlos en su misma misión. «Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron» (v. 20). ¿Por qué inmediatamente? Sencillamente porque se sintieron atraídos. No fueron rápidos y dispuestos porque habían recibido una orden, sino porque habían sido atraídos por el amor. Los buenos compromisos no son suficientes para seguir a Jesús, sino que es necesario escuchar su llamada todos los días. Sólo Él, que nos conoce y nos ama hasta el final, nos hace salir al mar de la vida. Como lo hizo con aquellos discípulos que lo escucharon.

Por eso necesitamos su Palabra: en medio de tantas palabras diarias, necesitamos escuchar esa Palabra que no nos habla de cosas, sino que nos habla de vida.

Queridos hermanos y hermanas: Hagamos espacio dentro de nosotros a la Palabra de Dios. Leamos algún versículo de la Biblia cada día. Comencemos por el Evangelio; mantengámoslo abierto en casa, en la mesita de noche, llevémoslo en nuestro bolsillo o en el bolso, veámoslo en la pantalla del teléfono, dejemos que nos inspire diariamente. Descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestra oscuridad y que nos guía con amor a lo largo de nuestra vida.

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Basílica de San Pedro
III Domingo del Tiempo Ordinario, 26 de enero de 2020

 

 

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Artículos Guadalupanos

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Los personajes del acontecimiento Guadalupano

 

Pbro. Alejandro Hernández Avelar

Fe y espiritualidad

Sin duda el acontecimiento Guadalupano es importante y ha marcado la vida de nuestra nación, en él encontramos algunas personas importantes que en algunos casos desconocemos su realidad y nos vamos quedando con lo que nos van presentando algunas películas, algunos otros programas o documentos que no tiene un buen fundamento.

Por medio de este texto se pretende dar información sobre estas personas y conocer con mayor certeza sobre ellos.

Santa María de Guadalupe

Aunque la Virgen de Guadalupe se presenta en nuestra patria, con las características de una raza mestiza, tenemos que ser realistas, su origen está en Nazaret, no podemos desencajar su origen y su contexto original. Mujer joven Nazarena que acoge el plan de Dios en su vida y se hace su servidora, que sabe hacer la voluntad de Dios en su vida y que al pie de la Cruz de Jesús nos recibe como sus hijos, y desde allí se hace presente en la vida de cada uno de nosotros como sus hijos que somos y nos acompaña.

Una de las características de Santa María es hacerse presente en los acontecimientos de desesperanza, de desilusión o donde parece que todo está perdido, lo podemos ver en la visitación a su prima Isabel, en la boda de Caná, en la crucifixión de su Hijo, así también se hace presente en México, en donde después de la conquista parecería que todo está perdido, donde hay una nueva raza naciendo, la mestiza, despreciada por indígenas y españoles, pero acogida por Santa María de Guadalupe, que nosotros llamamos morenita y en realidad es mestiza, acogiendo a esa raza desprotegida y presentándose como su Madre, acogiendo no solo su color de piel, sino también su lengua, el Náhuatl, sus atuendos, para así poder mostrarle su maternal protección y cariño.

San Juan Diego

Indígena chichimeca, originario de Cuautitlán,  nació aproximadamente en 1474, su nombre indígena era Cuauhtlatoatzin, que significa el que habla como águila. Cuando tiene el encuentro con la Virgen se dice que residía en Tulpetlac. En su adolescencia vivió como cualquier indígena de su tiempo, con sus dioses, sus costumbres y forma de vida. Cuando llegaron los primeros 12 franciscanos en 1524, tenía ya 50 años de edad, acoge el cristianismo y pide ser bautizado junto con su esposa y su tío, Cuauhtlatoatzin toma el nombre de Juan Diego, su esposa Malintzin el de María Lucía y su tío Juan Bernandino. Él acudía a la catequesis al centro de evangelización de Santiago de Tlatelolco, todavía no había convento allí sólo acudían los franciscanos cada tercer día y los domingos. Su esposa murió dos años antes de las apariciones. El sábado 9 de diciembre cuando Juan Diego se dirigía a una de sus catequesis se le aparece por primera vez la Virgen de Guadalupe convirtiéndose desde ese momento en el mensajero de Nuestra Señora, ante el Obispo Fray Juan de Zumárraga. Para este momento del encuentro con la Virgen María Juan Diego ya tenía 57años. Cuando la Imagen de Santa María de Guadalupe fue llevada a la ermita que había mandado construir el Obispo por mandato de la Virgen, Juan Diego suplica al Obispo poder vivir cerda de la ermita, éste accedió y le proporciono una pequeña casa junto a dicho lugar, en donde vivió hasta su muerte. A diario se ocupaba de cosas espirituales y barrer el templo, “Frecuentemente se confesaba, comulgaba, ayunaba, hacía penitencia, se disciplinaba, se ceñía cilicio de malla y escondía en la sombra para poder entregarse a solas a la oración” (Nican Motecpana)

Juan Diego Muere el año de 1548 a los 74 años de edad, sus restos fueron sepultados cerca de la ermita, actualmente por desgracia no se sabe exactamente en qué lugar descansan sus restos, porque más tarde este atrio de la ermita  se convirtió en cementerio, no fue el único que se sepulto, solo se tiene un pequeño monumento en donde se dice que en la cercanía de ese lugar está sepultado Juan Diego

Juan Bernardino

Pocos datos se tienen de Juan Bernardino, tío de Juan Diego, se dice que se bautizo junto con su sobrino y la esposa de éste.

Cuando Juan Bernardino envía a Juan Diego a por un sacerdote para que le prepare a bien morir, se le aparece la Santísima Virgen María de Guadalupe, realizándose por su intercesión la curación del moribundo y es a él que le revela su nombre de Guadalupe. “Y dijo cómo a él (Juan Bernardino) también se digno enviarlo a México para ver al Obispo y que, cuando fuera a verlo, que por favor le manifestara, le informara con todo detalle lo que había visto, y cuán maravillosamente se había dignado sanarlo, y que condescendía a solicitar como un favor que a su preciosa imagen precisamente se le llame, se le conozca como la Siempre Virgen Santa María de Guadalupe”. (Nican Mopohua 205-208).Esta es considerada la quinta aparición de la Virgen.

Juan Bernardino muere el 15 de mayo de 1544, a los 84 años de edad, contagiado de cocolixtli, y fue sepultado en la ermita de Santa María de Guadalupe.

Fray Juan de Zumárraga

Nació en Tabira Durango, Vizcaya en 1468, llega a la Nueva España como obispo electo en 1528, y es consagrado Obispo en España en 1533, y el Papa Paulo III, lo nombro Arzobispo, Zumárraga no hablaba el náhuatl, siempre se valió del Padre Juan González, como intérprete, quien también fue su confesor. Fue Fray Juan de Zumárraga quien construye la primera ermita a nuestra Señora de Guadalupe, y quien la traslado desde la ciudad de México hasta el Tepeyac, el 26 de diciembre de 1531. Muere el 3 de junio de 1548, el mismo año que San Juan Diego, sus restos están sepultados en las criptas de la Catedral Metropolitana de México.

Bibliografía.

Ignacio H. De la Mota, Diccionario Guadalupano, enciclopedia Guadalupana, A.C. México, 2002.

Eduardo Chávez y Jorge Arredondo, Nican Motecpana, análisis y reflexión, Instituto Superior de estudios guadalupanos, México, 2018.

José Luis G. Guerrero, Aquí se cuenta… el gran acontecimiento, editorial Realidad, teoría y práctica, S.A. DE C.V. Cuautitlán, Edo. De México, México, 2003.

Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda, Testimonios históricos guadalupanos, Luis Lasso de la Vega, El gran acontecimiento, Fondo de cultura económica, México, 2004.

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Artículos Guadalupanos

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HISTORIA DE LA FIESTA DE LA VIRGEN DE GUADALUPE

 

Pbro. Alejandro Hernández Avelar

Fe y espiritualidad

La fiesta en honor a la Virgen María de Guadalupe no siempre se ha celebrado el 12 de diciembre, como hoy se hace. Veremos un pequeño itinerario de los diferentes cambios que ha tenido y los procesos que se han tenido que hacer para celebrarla como hoy lo hacemos.

Entre 1644 y 1647, se tiene noticia por parte del Mayordomo Esteban Alonso de Ysassi, que las fiestas en el Santuario eran en el mes de octubre. Se menciona que eran dos fiestas las que se celebraban: la primera para españoles y la segunda para los naturales.

Para 1664, parece que la fiesta ahora se celebre en el mes de noviembre celebrándose todavía dos fiesta la de los españoles y la de los naturales, es a partir de 1670 que en adelante sólo se menciona una sola fiesta. Esta fiesta se celebraba considerándose de la Natividad de María. Al no tener un esquema propio para la misa, ni un oficio para el rezo, se consideraba, por tal motivo, de la Natividad de la Virgen María y no de las apariciones de la Virgen de Guadalupe.

Con la finalidad de que la fiesta se celebrara el 12 de diciembre con gran solemnidad y ya no fuera considerara de la Natividad de la Virgen María, sino de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, y tuviera su propia misa y oficio, se realizaron la informaciones jurídicas de 1666 En 1665 surge la inquietud del canónigo Francisco de Siles de pedir, al Papa Alejandro VII, que el 12 de diciembre fuera fiesta propia de la Virgen de Guadalupe y le concediera misa y el rezo del oficio divino para ese día, cosa que compartió con el obispo de Puebla, don Diego Osorio Escobar. Se escribió al Pontífice haciendo la petición. De Roma respondieron que era importante hacer un estudio a algunos testigos sobre el hecho. Antes de que llegara de Roma el cuestionario, el Pbro. Francisco se adelanta un poco y el 19 de diciembre de 1665 se nombran  jueces a los canónigos Juan de Poblete, Juan de la Cámara, Juan Díez de la Barrera y Nicolás del Puerto. La información de los testigos se recabó en dos etapas, la primera del 3 de enero al 14 de abril de 1666, esta etapa los entrevistados fueron 7 indígenas y 1 mestizo, todos ellos de entre 80 y 115 años, esta etapa se desarrolló en Cuauhtitlán, por ser el lugar de origen de Juan Diego y Juan Bernardino. La segunda etapa fue del 18 de febrero al 11 de marzo, se entrevistaron a 10 eclesiásticos de la Ciudad de México, de diversas órdenes religiosas y dos seglares. Los entrevistados, en esta segunda etapa, eran más jóvenes que los de la primera. La información pictográfica se realizo el 13 de marzo, y el dictamen de los protomédicos se da el 28 de marzo diciendo: “Que es imposible, que humanamente pueda ningún Artifice[…]pintar, y obrar casa tan primorosa, limpia, y bien formada en un lienzo tan tosco, como lo es la Tilma o Ayate, en que está aquella Divina, y Soberana Pintura de la Virgen Santísima nuestra Señora de Guadalupe[…]y así mismo la disposición, y partes tan bien distribuidas de su Santísimo Cuerpo, y lindos trazos, y arte del ropaje, que no ha de aver Pintor, por diestro, que sea, y mui bueno, como los ha habido en esta Nueva-España, que perfectamente le acierte a imitar el colorido, ni determinar si es al temple, o al oleo la dicha Pintura, porque parece lo uno, y lo otro;[…]que no tiene aparejo ninguno[…]que las mismas colores le dieron tupidas, e incorporadas con los hilos toscos del dicho lienzo”. (Informaciones jurídicas de 1666)

Con las  informaciones Jurídicas no lograron lo que se deseaba debido a la muerte del Papa Alejandro VII, el cardenal Rospigliosi quien había prometido ayudar con la situación fue elegido Pontífice (Clemente IX) Antonio de Peralta le escribe nuevamente una carta cuando ya era pontífice, a la cual respondió  un sobrino del Pontífice señalando alguna dificultades para conceder lo que se pedía, una de ellas era que como la imagen era una Inmaculada Concepción, y se había aparecido dentro de su octava, no era necesario darle otro rezo. Otra dificultad  era que el Pontífice y la congregación de los Ritos, no querían abrir las puertas a canonizar imágenes milagrosas.

De todo esto lo único que se logro fue que se otorgara un jubileo para el 12 de diciembre, pero tampoco tuvo efecto puesto que la fecha venia mal, venia para el 12 de septiembre y no de diciembre, mientras se hacían los trámites para la corrección murió el Papa, y después el Padre Silas y Peralta.

El 11 de diciembre de 1720 arreglando algunos papeles del archivo del arzobispado encontraron los testimonios de las informaciones de 1666. El Padre José de Lizardi y Valle, tesorero del Santuario de Guadalupe, pidió al Arzobispo fray José de Lanciego y Aguilar, actualizar la información para retomar la inquietud de la misa y oficio propio para la fiesta de la Virgen de Guadalupe.

El arzobispo accedió y nombro al Dr. Luis de la Peña (rector del Colegio de san Pedro de México) como examinador de los testigos, el 5 de mayo y 16 de junio de 1723, los testigos fueron Fray Antonio Margil de Jesús (franciscano), y  Pbro. Doctor Rodrigo García Flores e Valdés (deán de Catedral había sido vicario del Santuario) a estas entrevistas se añadieron las ya realizadas en 1666. Al parecer nuevamente no se tuvo éxito ante la negativa de la concesión por la Sagrada Congregación de Ritos. 

En Mayo de 1752, el Cabildo de la Colegiata retoma la intención de tener misa y oficio propio para la Virgen de Guadalupe, el Abad Alarcón comunica la intención del Arzobispo de México de que los padres de la Compañía de Jesús que iban ir a Roma y a Madrid se presentaran al Papa para pedir en nombre del cabildo el rezo de la Virgen, para este fin se hizo uso de las informaciones antiguas y dar razón del estado de la Imagen en el presente.

El 24 de abril de 1754 gracias a Dios, al esfuerzo del Padre Juan Francisco López S.J. y al esfuerzo de muchas personas, se logra lo que tanto se deseaba, la aprobación por parte de la Sagrada Congregación de Ritos la Misa y oficio propio para la Virgen de Guadalupe del 12 de diciembre.

La Noticia llega a México ocho meses después el 25 de enero de 1755, fue en diciembre de ese mismo año que se celebra el día 12 con oficio y misa propia a la Virgen de Guadalupe.

El 2 de julio de 1757, el Papa Benedicto XIV extendió la concesión del rezo y misa de la Virgen de Guadalupe a todos los dominios del rey de España, quedando a disposición del obispo elegir qué día celebrarla, menos el domingo.

Desde entonces a la fecha la fiesta de la Virgen de Guadalupe se celebre con gran solemnidad esquema propio y no solo en su basílica, sino en muchas partes del mundo.

Bibliografía.

Gustavo Watson Marrón, El templo que unió a Nueva España, Ed. Miguel Ángel Porrúa, México, 2012.

Ignacio H. de la Mota, Diccionario Guadalupano, enciclopedia Guadalupana, A.C., México, 2002.

Eduardo Chávez, Informaciones Jurídicas de 1666, instituto Superior de estudios Guadalupanos, México, 2019.

Miguel Cabrera, Maravilla Americana, Imprenta del Real y más antiguo Colegio de san Ildefonso, México, 1756.

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El Ayate y la imagen de la Virgen de Guadalupe

 

Pbro. Alejandro Hernández Avelar

Fe y espiritualidad

El ayate o la tilma era, para el indígena, una prenda de vestir y a la vez utilizada para cargar, de tal manera que de ordinario eran largas y amplias, era muy común que las utilizaran para abrigarse del frio, para dormir, incluso como le he dicho antes para cargar, lo amarraban por detrás del cuello dejándolo caer por delante para poder transportar algún material. Su fabricación era algo muy común en su ambiente y los podía tejer de diferentes fibras vegetales, como de palma, maguey, agave u otra fibra.

Fue en una de estas prendas en la que, la mañana del 12 de diciembre de 1531, san Juan Diego coloco las rosas que llevaría al Sr. Obispo como la prueba que éste pedía para creer en su palabra, y en la que quedo impresa la Imagen de Santa María de Guadalupe. Algo que ha maravillado a lo largo de ya casi 500 años es la durabilidad de esta prenda, a pesar de que durante muchos años estuvo sin ninguna protección, al alcance de los peregrinos, en un lugar muy húmedo y lleno de salitre. Cuando en 1666 se realiza un estudio a la Imagen, las personas que lo realizaron afirmaron: “Por el tacto, en la materia de que consta la imagen no se halla ningún principio, señales y muestras de corrupción, y aunque al parecer es una materia seca y áspera “no es bastante hasta tan largo tiempo para no haberse corrompido”. No puede haber causa natural para que no se haya empobrecido. Siendo ésta una materia porosa, por la parte posterior no se descubre el color verde que se ve en otros materiales […]”. (Informaciones jurídicas de 1666)

Cuando se realiza otro estudio del ayate para conseguir la misa y oficio propio de la Virgen de Guadalupe el 30 de abril de 1751, el pintor Miguel Cabrera escribe en su obra Maravilla Americana: “Lo cierto es que no había menester el lienzo, en que está delineada la sagrada imagen, tan poderosos contrarios para acaba dentro de breve tiempo; bastaba sólo la materia de que se compone, para que a poco tiempo se deshiciera y para que lo lloráramos ya destruido. Razón, por que juzgo, que debemos atribuir esta rara conservación a especial privilegio, que goza por estar pintada en él la sagrada imagen…”.

El ayate ha resistido también al derrame accidental de sustancia química, dejando en ella solo la muestra del escurrimiento pero sin destruirlo. El 14 de noviembre de 1921 la explosión de la dinamita que habían puesto sobre el altar en un arreglo floral para acabar con la imagen.

Sin duda la durabilidad y resistencia al tiempo y sus inclemencias nos hablan de por sí de un gran milagro y del amor de Dios. La durabilidad de estas prendas es de aproximadamente 20 años. 

Otro dato importante sobre este signo de amor de Dios a los hombres es las características de la imagen. El mismo Miguel Cabrera nos cuenta que la tilma no tiene apareje, esto es la preparación que tiene que tener un lienzo antes de poder aplicar la pintura: “de donde necesariamente se infiere la total falta de aparejo; pues a tener alguno fuere naturalmente imposible que se vieran los colores transportados por el reverso del lienzo” también nos habla de cuatro técnicas de pintura que se han encontrado en la imagen que hablando humanamente es casi imposible poder combinarlas entre sí con tanta perfección: “son cuatro especies o modos de pintura, que en Guadalupe se admiran ejecutadas: al óleo una, otra al temple, aguazo otra, y labrada al temple la otra. De cada una de estas especies tratan los facultativos, pero de la misma o conjunción de las cuatro en una sola superficie, no hay autor, no sólo que la haya practicado, pero ni que haga memoria de ella: y yo pienso que hasta que apareció esta pintura de Guadalupe, ninguno la había imaginado…”.

Sin duda el ayate o tilma en el que está grabada la imagen de Santa María de Guadalupe, nunca dejara de sorprendernos, se puede decir que es una carta escrita por Dios con un gran mensaje de amor maternal que nos invita a ponernos bajo la protección Virginal de María, para que ella nos conduzca al verdadero Dios por quien se vive. Este escrito está lleno de signos de acogida, de amor como lo podemos ver en su propio rostro mestizo, el color de una nueva raza desprotegida ya desde 1554, en sus diálogos Francisco Cervantes se expresa así del mestizo: “en efecto, aquel pueblo nuevo de morena tez, desposeído en la propia tierra, reducido a cruel orfandad, eran los mestizos, seres que resultaban incómodos a las dos sociedades antagónicas que les habían dado origen, cada una de las cual veían en ellos no a una parte de su sangre, sino al representante de la parte contraria”. A estos desprotegidos y no queridos por nadie  ella los toma como suya y se identifica como Madre suya, “no estoy yo aquí que soy tu Madre”, les da una identidad, y los hace sentir queridos por ella. Sus manos que también son un signo de acogida y que invitan a caminar juntos, una mano más blanca y delgada, la otra más gruesa y oscura que son signo del mestizaje de ese momento en la Nueva España, sus manos son signo de unidad y oración, una invitación a la reconciliación a verse ambas razas como verdaderos hijos de un Verdadero Dios, los que antes estaban separados y se veían con cierto recelos o rivalidad, ahora son reconciliados por la Madre celestial, quien con sus manos parece construir una casa para todos en donde se unirán por la oración. Sin duda otro signo muy importante en la imagen de la Santísima Virgen es la flor de cuatro pétalos o tilma Ollin, (cuatro movimientos), que se ubica en el centro de la túnica, es una flor única no se ve en ninguna otra parte de la imagen, una flor que representa la divinidad, Santa María es portadora de la divinidad, nos trae al verdadero Dios por quien se vive, y nos lo deja muy claro en su mensaje, no es ella el centro de su mensaje, ni es para ella el templo que pide se le construya sino para en él mostrarnos a Dios, que es el centro de su vida y que nos invita a que también sea lo mismos para cada uno de nosotros: “Mucho quiero, ardo de deseos de que aquí tengan la bondad de construirme mi tiempecito, para allí mostrárselo a ustedes, engrandecerlo, entregárselo a Él, a Él que es todo mi amor, a Él que es mi mirada compasiva, a Él que es mi auxilio, Él que es mi mirada compasiva, a Él que es mi auxilio, a Él que es mi salvación”.  (Nican Mopohua 26-28) 

Podemos ver pues que la tilma es un verdadero signo de amor de Dios para con el hombre, pero hay que saber mirarla con humildad para descubrir en ella ese mensaje que Dios tiene para cada uno de nosotros. 

Bibliografía

Arturo Rocha, La llave de Guadalupe, ed. Miguel Ángel Porrúa, México, 2014.

Eduardo Chávez, Informaciones Jurídicas de 1666, instituto Superior de estudios Guadalupanos, México, 2019.

Miguel Cabrera, Maravilla Americana, Imprenta del Real y más antiguo Colegio de san Ildefonso, México, 1756.

José Luis G. Guerrero, Aquí se cuenta… el gran acontecimiento, editorial Realidad, teoría y práctica, S.A. DE C.V. Cuautitlán, Edo. De México, México, 2003.

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Solemnidad de Jesucristo, Rey Del Universo

Solemnidad de Jesucristo, Rey Del Universo

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Benedicto XVI

Fe y espiritualidad

Lectura del santo evangelio según san Lucas

Lc 23, 35-43

Cuando Jesús estaba ya crucificado, las autoridades le hacían muecas, diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido».

También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían: «Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: «Éste es el rey de los judíos».

Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: «Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro le reclamaba, indignado: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho». Y le decía a Jesús: «Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí». Jesús le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso».

En este último domingo del año litúrgico celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, una fiesta de institución relativamente reciente, pero que tiene profundas raíces bíblicas y teológicas. El título de «rey», referido a Jesús, es muy importante en los Evangelios y permite dar una lectura completa de su figura y de su misión de salvación. Se puede observar una progresión al respecto: se parte de la expresión «rey de Israel» y se llega a la de rey universal, Señor del cosmos y de la historia; por lo tanto, mucho más allá de las expectativas del pueblo judío. En el centro de este itinerario de revelación de la realeza de Jesucristo está, una vez más, el misterio de su muerte y resurrección. Cuando crucificaron a Jesús, los sacerdotes, los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo: «Es el rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él» (Mt 27, 42). En realidad, precisamente porque era el Hijo de Dios, Jesús se entregó libremente a su pasión, y la cruz es el signo paradójico de su realeza, que consiste en la voluntad de amor de Dios Padre por encima de la desobediencia del pecado. Precisamente ofreciéndose a sí mismo en el sacrificio de expiación Jesús se convierte en el Rey del universo, como declarará él mismo al aparecerse a los Apóstoles después de la resurrección: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.» (Mt 28, 18).

Pero, ¿en qué consiste el «poder» de Jesucristo Rey? No es el poder de los reyes y de los grandes de este mundo; es el poder divino de dar la vida eterna, de librar del mal, de vencer el dominio de la muerte. Es el poder del Amor, que sabe sacar el bien del mal, ablandar un corazón endurecido, llevar la paz al conflicto más violento, encender la esperanza en la oscuridad más densa. Este Reino de la gracia nunca se impone y siempre respeta nuestra libertad. Cristo vino «para dar testimonio de la verdad» (Jn 18, 37) —como declaró ante Pilato—: quien acoge su testimonio se pone bajo su «bandera», según la imagen que gustaba a san Ignacio de Loyola. Por lo tanto, es necesario —esto sí— que cada conciencia elija: ¿a quién quiero seguir? ¿A Dios o al maligno? ¿La verdad o la mentira? Elegir a Cristo no garantiza el éxito según los criterios del mundo, pero asegura la paz y la alegría que sólo él puede dar. Lo demuestra, en todas las épocas, la experiencia de muchos hombres y mujeres que, en nombre de Cristo, en nombre de la verdad y de la justicia, han sabido oponerse a los halagos de los poderes terrenos con sus diversas máscaras, hasta sellar su fidelidad con el martirio.

Queridos hermanos y hermanas, cuando el ángel Gabriel llevó el anuncio a María, le predijo que su Hijo heredaría el trono de David y reinaría para siempre (cf. Lc 1, 32-33). Y la Virgen santísima creyó antes de darlo al mundo. Sin duda se preguntó qué nuevo tipo de realeza sería la de Jesús, y lo comprendió escuchando sus palabras y sobre todo participando íntimamente en el misterio de su muerte en la cruz y de su resurrección. Pidamos a María que nos ayude también a nosotros a seguir a Jesús, nuestro Rey, como hizo ella, y a dar testimonio de él con toda nuestra existencia.

SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

BENEDICTO XVI

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo 22 de noviembre de 2009

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Artículos Guadalupanos

Artículos Guadalupanos

Maravilla Americana

y conjunto de raras maravillas

 

Pbro. Juan Pablo Lechuga Rodrígez

Fe y espiritualidad

No es extraño que los pintores truequen el pincel por la pluma y con ella expresen sus ideas estéticas, sentimientos amorosos, y también su posición política, social y religiosa. manejaron la pluma con la misma destreza que el pincel.  En el siglo XVIII, el más destacado de los pintores mexicanos, Miguel Cabrera, tuvo tiempo para redactar, entre otros un valioso escrito en el que a más de hacer profesión de fe, revela su amplia formación como artista.

 

La obra de Cabrera: “Maravilla Americana y conjunto de raras maravillas” surge de la necesidad que el arzobispo de México, el Abad y la Colegiata de Guadalupe tuvo para pedir a Roma la misa y oficio propio para la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre. Esta petición, se pensó, debería estar avalada no solo con testimonios, sino con pruebas materiales, cientificas y racionales en torno a la naturaleza de la imagen.

 

Por tal motivo, invitaron en el año de 1751 a los más importantes pintores mexicanos a reexaminar el lienzo y a emitir un dictamen desde el punto de vista artístico, pero señalando las características del material y técnica pictórica que refleja la imagen. Los pintores invitados fueron Miguel Cabrera, por entonces el más afamado, José de Ibarra, Manuel de Osorio, Juan Patricio Morlete Ruiz, Francisco Antonio Vallejo, José de Alcibar y José Bentura Arnaes. Estos artistas con plena libertad examinaron cuidadosamente la imagen y se formaron firme y justa opinión, habiendo recaido el exame más riguroso en Miguel Cabrera.

 

 

Cabrera rindió por escrito amplio dictamen en 1752 y el decreto del Pontífice fue dado el 24 de abril de 1754 donde no solo concedía el oficio y la misa sino declaraba a Santa María de Guadalupe como Principal Patrona y Protectora de Nueva España». Cabrera en su observacion dictamino lo siguiente:

 

I. permanencia y durabilidad del lienzo.

Más de doscientos veinte y cinco años que goza la admirable pintura de Nuestra Señora de Guadalupe, y las cualidades opuestas a esta duración, de que abunda esta región mexicana no sólo fundado sobre una laguna, y rodeado de otras, sino llenos también los valles que lo ciñen, de abundante salitre; por lo que ha de ser su aire húmedo y cargado de partículas salitrosas, lo que destruye cualquier material y sin embargo se ha hecho la pueba con diferentes telas y estas han sufrido deterioro no asi el lienzo de la imagen.  Lo que me causó grande admiración cuando la observé Es el lienzo o ayate de dos piezas iguales unidas o cocidas con un hilo de algodón bien delgado e incapaz por sí de resistir cualquier violencia y más si por mucho tiempo estuvo sin vitrina y al tacto de los fieles

 

II. de la tela o lienzo en qué está la imagen.

Según parece, un tejido grosero de ciertos hilos que vulgarmente llamamos pita, que sacaban los indios de unas palmas propias de este país, de que en la antiguedad labraban sus pobres mantas, a las cuales en su natural idioma llaman ayatl y nosotros, vulgarmente, ayate. Lo que si debe por ahora excitar más la admiración, es la suavidad que se experimenta en este ayate, pues toda aquella aspereza que ofrece a la vista y que por sí debiera tener, por componerse de materia tan ordinaria, se le convierte al tacto en una apacible suavidad muy semejante a la de la fina seda.

 

III. de la falta de aparejo de la pintura.

En el año de 1666 refiere el P. Francisco de Florencia de la Compañía de Jesús. Que afirmaron con juramento que visto el lienzo por el envés, se ve transportada toda la Santa Imagen con todos los colores que se admiran en el haz.  De donde necesariamente se infiere la total falta de aparejo; pues a tener alguno, fuera naturalmente imposible que se vieran los

colores transportados por el reverso del lienzo. Porque el aparejo no sólo sirve para hacer tratable la superficie al pintor, y para que éste pueda, sin las molestías de los hilos de la tela, pintar; sino también para impedir el paso de los colores, como nos enseña la experiencia.

 

IV. del dibujo de la imagen.

Su bellísima y agraciada simetría, la ajustada correspondencia de el todo con las partes y de éstas con el todo, es maravilla que asombra a cuantos medianamente instruidos en el dibujo la perciben. No tiene contorno ni dintorno que no sea un milagro. Ademas, Medí la Santa Imagen con la más prolija y atenta diligencia, hallé que tiene en toda su altura ocho rostros y un tercio, al que añadiéndole otro más por lo poco que se inclina, resultan ocho rostros y dos tercios distribuidos en el modo siguiente. El primer desde el nacimiento del pelo hasta el extremo de la barba; el segundo desde aquí hasta los virginales pechos, y así los demás incluyéndose los dos tercios en toda su estatura, esto es, desde la superficie de la cabeza hasta sus sagradas plantas. Por tanto, su simetría la hace perfecta.

 

V. Técnicas de la pintura

Cuatro son las tecnicas de la pintura: al óleo, otra al temple, de aguazo y labrada al temple. De cada una de estas especies tratan los facultativos; pero de la unión o conjunción de las cuatro en una sola superficie no hay autor, no sólo que la haya practicado, pero ni que haga memoria de ella, y yo pienso que hasta que apareció esta pintura de Guadalupe, ninguno la había imaginado. la cabeza y las manos a el óleo; la túnica y el ángel con las nubes que le sirven de orla, a el temple, el manto, de aguazo, y el campo sobre que caen y terminan las rayas se percibe como de pintura labrada a el temple.

 

VI. dorado de la milagrosa imagen

Puedo asegurar que la primera vez que logré verla, me persuadí a que estaba el oro sobrepuesto como si fuera en polvo, y que al más ligero soplo o con tocarla, había de faltar la superficie. De manera para explicarlo, he dicho  que se asemeja mucho a aquel que a las mariposas dio naturaleza en las alas, y que muchos habremos contemplado. También observé lo incorporado que está el oro con la trama, de tal manera que parece que fue una cosa misma tejerla y dorarla.

 

VII. objeciones o defectos

Todos ellos quedan objetados al medir la proporción y simetría de la imagen en general con cada una de las proporciones  del cuerpo con su estatura.

 

VIII. Diseño de la milagrosa imagen

Por eso juzgo que aunque no hubiera a favor de lo milagroso de esta pintura las indubitables circunstancias que nos la persuaden sobrenatural y milagrosamente pintada, como son la inmemorial tradición de padres a hijos sin haber variado en lo substancial ni en un ápice entre los españoles ni aun entre los indios; el juramento que hicieron el año de 1666 los más célebres médicos y protomédicos de esta ciudad a favor de la milagrosa incorrupción de la Imagen Guadalupana; el que el mismo año hicieron los más excelentes pintores a fin de hacer patente lo milagroso de esta Pintura.

 

Como vemos  Cabrera elaboró un proyecto metódico ceñido a la técnica pictórica en el cual se advierte como este dictamen de Cabrera avalado por sus colegas obedecía ya un criterio y espíritu racionalista, científico, y no era tan sólo la expresión piadosa de su Fe y sensibilidad religiosa.

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