Testimonio de José Isaac Chávez González.

Testimonio de José Isaac Chávez González.

«Bendita la crisis, la caída y el problema, que me hizo crecer y buscar a Dios»

 

José Isaac Chávez González

Vocación

Me llamo José Isaac Chávez González. Tengo 28 años y curso actualmente el tercer año de Teología (etapa configuradora) en el Seminario Diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe. Soy originario de la Parroquia Inmaculado Corazón de María en Aguascalientes.

Mi vocación la resumo en una frase de San Pío de Pietrelcina: “Bendita la crisis, la caída y el problema, que me hicieron crecer para mirar al cielo y así mismo buscar a Dios”.

 

Mi vocación, la ubico fuertemente cuando vivía en Celaya Guanajuato, estudiando música, en el Conservatorio de Música y Artes de Celaya. Al estar con mis amigos de salón, y uno de ellos Sacerdote, fue el proceso de volver a despertar en mí el interés por el sacerdocio. Es a través de su testimonio, el cual me llevaba a conocer a más sacerdotes que de igual manera daban testimonio de su vida sacerdotal.

A pesar de mi objetivo por el cual tenía en mente, separarme de Dios y tener logros personales, Dios me llamaba cada vez más fuertemente. Cada vez que yo intentaba alejarme de Dios, Dios me acrecentaba más a Él.

 

Estando trabajando en el Seminario Diocesano de Celaya como profesor, fue uno de los momentos más marcados dentro de mi vida. No conocía el proceso de formación para los futuros sacerdotes. Desde ese momento, mi relación de amistad con sacerdotes comenzó a ser más constante.

 

Al terminar clases, me dirijo a la Catedral del Sagrado Corazón de Jesús, en Celaya Gto., ahí realice una visita al Santísimo pues sentía esa gran necesidad de estar delante del sagrario. Uno de los sacerdotes que estaba ahí, al cual yo conocía bien, me dijo: Isaac, ven acompáñame, y nos dirigimos a su oficina. Estando ahí me preguntó que me veía muy pensativo. En ese momento sentí la presencia de Dios, por lo que aproveché para contarle por lo que estaba pasando, le hablé de mis dudas, de la inquietud que tenía hacia la vocación sacerdotal y sobre todo de mi temor al no saber cómo afrontar esta gran incertidumbre que sentía dentro mí. Sin duda me sentí escuchado por Dios.

 

Agradezco a los sacerdotes que me dedicaron de su tiempo y me dieron el acompañamiento adecuado durante mi estancia en Celaya. Al regresar a Aguascalientes, lo primero que vi fue un cartel que invitaba a vivir una experiencia de Preseminario. Esto acrecentó aún más mi deseo de seguir al Señor por este camino.  Al día siguiente asistí a misa con mi familia, y reflexionando el Evangelio que acababa de escuchar, se me vinieron a la mente las palabras de aquellos sacerdotes, los cuales me dijeron con gran insistencia ¡Atrévete a vivir la experiencia del Preseminario, no pierdes nada!

 

Lo que te quiero decir a ti querido “Joven” que también sientes esta inquietud del llamado a la vida sacerdotal y que no sabes cómo expresarlo, atrévete a dar un sí generoso, no tengas miedo. Sabes, vale la pena dejarlo todo y apostar por Jesús, no importa lo que hayas dejado, Dios siempre estará con nosotros y el siempre proveerá en nosotros.  Junto con esto también quiero compartirte que mi devoción a San José y San Pío de Pietrelcina me han ayudado a identificar en ellos el gran amor que le tenían a Jesús y por las cosas de Dios, mismos que me ha ayudado en mi proceso vocacional al sentir su intercesión. No lo olvides es déjate interpelar por la Palabra de Dios y por su Amor.

 

 

 

 

Testimonio de Rodolfo Gabriel Llamas

Testimonio de Rodolfo Gabriel Llamas

Estar cerca del Señor

 

Rodolfo Gabriel Llamas Ramírez

Vocación

Me llamo Rodolfo Gabriel Llamas Ramírez. Actualmente curso el tercer año de teología en el Seminario Diocesano de Aguascalientes. Nací el 20 de mayo de 1996 en Jalpa, Zacatecas. Mis padres se llaman Raúl Wiliberto y Ana Bertha. Soy el menor de tres hermanos (Raúl, Ramiro y un servidor).

 

Fui bautizado en el mismo año en la cuasiparroquia del Sagrado Corazón de Jesús, La Pitaya, Jalpa, comunidad de la que es originaria mi madre; pero mi domicilio siempre ha sido en la parroquia del Señor de Jalpa. Crecí en un entorno familiar sano y responsable. Desde niño mis padres me inculcaron el amor al trabajo y a la escuela. En la familia tenemos una veterinaria y forrajera pequeña que nos forjó en los valores del trabajo y la disciplina. Por lo mismo, tuve relación con la ciudad de Aguascalientes para surtir el negocio, además que se convirtió en lugar de estadía para mis hermanos cuando estudiaron sus carreras profesionales.

 

Nuestra relación con Dios y los sacramentos se hacía mayoritariamente los domingos. Nunca tuve un proceso en grupos apostólicos o en el catecismo (más allá del obligatorio para recibir la primera comunión y la confirmación). Si bien me gustaban las cosas de Dios desde niño, nunca hacía nada para asistir a los eventos de la parroquia. Aunque desde los diez años de edad he tenido una referencia especial a la Madre de Dios en su advocación de Nuestra Señora de Zapopan, y en la familia una especial devoción al Santo Niño de Atocha, en Plateros, Zac.

 

Al fallecer mis abuelos maternos me fui separando más de la Iglesia y cayendo en una profunda crisis existencial. Durante la secundaria estuve muy distante del culto. Al entrar en preparatoria tenía que decidir prontamente por un bachillerato que me permitiera aprender conceptos básicos para alguna licenciatura. Fue durante esta etapa que mi crisis tuvo respuesta, cuando por primera vez decidí asistir a los ritos propios de la semana santa (año 2012) en mi propio barrio. Allí fui, tuve una intimidad más cercana con el Señor, sobre todo en la adoración eucarística y en el canto popular. Después de esa experiencia visitaba a Jesús Eucaristía en la parroquia vecina de la preparatoria.

 

Allí empecé a descubrir mi inquietud por estar cerca del Señor y de la Iglesia, por lo que la idea de entrar al seminario me fue emocionando para continuar mis estudios y ser sacerdote diocesano. Asistí a Misa frecuente e ingresé al coro parroquial. Durante ese año conocí el testimonio de un sacerdote, hoy párroco de Nochistlán, Zac., que me disipó las dudas de la formación en el seminario y ayudó a mi familia a entender este proceso.

 

Quise ser arquitecto y realicé examen de admisión; pero, al conocer el Seminario de Aguascalientes en una entrevista con el padre vocacional, decidí dejar el proceso de la universidad y adentrarme de lleno a la admisión al seminario. Realicé mi preseminario en julio de 2014 e ingresé oficialmente al Curso Introductorio en agosto del mismo año. En 2018 pedí realizar la experiencia de formarme en el Seminario de Zacatecas, pero a finales de 2020, regresé a mi alma mater en Aguascalientes por problemas de salud, derivados de la pandemia que seguimos viviendo.

Testimonio de Pedro Luis Vela García

Testimonio de Pedro Luis Vela García

Experiencia inolvidable para servir a Dios

 

Pedro Luis Vela Garcia

Vocación

Mi nombre es Pedro Luis Vela García, nací el 31 de marzo del 2000, y soy originario de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en Matancillas, Jalisco. Estoy estudiando actualmente en el Seminario Diocesano y curso tercer año de filosofía, también conocida como la etapa discipular. Mi familia nuclear está conformada por seis integrantes: mi papá, mi mamá y cuatro hermanos, dos hombres y dos mujeres, entre los cuales yo soy el primogénito. Hemos ingresado al seminario mi hermano y yo: mi hermano a la etapa del menor y yo ingresé al curso introductorio, ambos en el año 2018.
Al haber concluido mis estudios en la preparatoria decidí vivir la experiencia del pre-seminario el 15 de julio de 2018. Considero que mi vocación surge gracias al testimonio de un sacerdote, el acompañamiento y la formación de mis padres que siempre me han educado con valores humanos y cristianos, me han inculcado el asistir a misa desde pequeño, asistir a los actos de piedad, de igual manera me han inculcado la devoción a la Virgen de Guadalupe y al niño Emmanuel de Matancillas. Cuando estaba en la primaria comencé a participar en las peregrinaciones de camino a San Juan de los Lagos, que sin duda alguna me ayudaba mucho a fortalecer mi fe y mi formación cristiana.

Así mismo, dentro de mi parroquia, participé algunas veces en algunas pastorales, como la adoración nocturna, en un coro de niños y en la semana santa como apóstol y cirineo. Mientras iba creciendo tenía en mente un cumulo de ideas sobre lo que iba a estudiar o me iba a dedicar en mi vida. En mi niñez y adolescencia llegué a pensar en ser sacerdote, pero conforme pasaba el tiempo había momentos en que lo olvidaba y pensaba en estudiar alguna carrera en la universidad o bien, comenzar a trabajar en algo estable para apoyar a mi familia con los gastos de la casa, pero al ingresar a la preparatoria fue una etapa diferente, con muchos momentos agradables las cuales me ayudaron a enfocarme un poco más en lo que quería para mi futuro.
Entonces yo tenía la idea de ser soldado, de estudiar para militar, o estudiar agronomía, y en ese transcurso de la preparatoria, precisamente un año antes de salir, llega un neo-sacerdote a mi parroquia como vicario, que fue quien me motivó e influyó para que yo tomara la decisión de querer ser sacerdote, debido a su testimonio y entrega sacerdotal.

 

 

Por lo que al ingresar al seminario he recibido la sotana el 20 de enero de 2019, y es un acontecimiento de mucha alegría y felicidad, es una experiencia inolvidable que también me ha impulsado a seguir en este camino rumbo al sacerdocio. De igual manera he conocido grandes amistades de seminaristas y sacerdotes que también me han ayudado a seguir creciendo y a seguir respondiendo al Señor, puesto que buscamos el mismo objetivo. Además he trabajado en diferentes pastorales y conocido muchas personas, con las que he tenido gratas experiencias, las cuales me han manifestado una sed de Dios, y viendo esa necesidad de Dios en las personas quiero ser sacerdote para ser ese intermediario entre Dios y el hombre.

Testimonio Vocacional, Raúl Estrada Contreras.

Testimonio Vocacional, Raúl Estrada Contreras.

Desde mi primer encuentro con Jesús 

 

Raúl Estrada Contreras

Fe y espiritualidad

Mi nombre es Raúl Estrada Contreras, pertenezco a la parroquia de San José, en Ojuelos Jalisco; soy el menor y único hombre de los hijos. Mi familia está conformada por mis padres: Raúl Estrada Hernández y Ma. Dolores Contreras Briones; además de mis cuatro hermanas: Guadalupe, Yesenia, Erica y Carmen.

Haciendo una remembranza, el llamado surge unos momentos antes de hacer mi Primera Comunión; hasta antes de ese momento la niñez se escapaba como ordinariamente sucedía, entre risas y juegos en las calles, con los amigos. La imagen de aquel día sigue presente en mi memoria como si la hubiera vivido hace un par de días, pues me llamó mucho la atención el sacerdote mientras bajaba del presbiterio para distribuir la comunión: su estilo de vida y la alegría que transmitía con tan solo verlo. A partir de ahí, con gran insistencia, le pedí a mi madre permiso para ir a ayudar en misa como acólito; ella estaba muy sorprendida y un poco incrédula, pues muchas ocasiones antes ella me lo había propuesto y yo me negaba rotundamente.

Fue pasando el tiempo, cuatro o cinco años en los que estuve ayudando constantemente durante las celebraciones, acudiendo a reuniones infantiles y ejercicios espirituales que me fueron ayudando a convencerme más de que éste era el camino que quería seguir: el desgastarme por los demás, así como veía a tantos sacerdotes hacerlo. Pero se llegó el momento de pasar a la etapa de secundaria y preparatoria, tiempo en el que quizá por mi propio descuido aquella ilusión que tenía la fui apagando, y cada vez hacía menos caso a la voz que me invitaba a seguirle.

Se llegó el momento que es crucial en la vida de todo joven: finalizar la preparatoria y comenzar a pensar en aquello que quería dedicar mi vida. Durante mi formación académica básica, una de las asignaturas que más me gustó y disfruté fue la química; aunado a esto, en un fragmento de tiempo mi salud se veía deteriorada por algunos padecimientos que me hacían acudir a constantes visitas a laboratorios, generando en mí una gran ilusión la gran cantidad de reactivos que manejaban, procedimientos y equipo, haciéndome decidir por estudiar algo afín, y así poder, en un futuro, brindar un servicio de calidad para todas aquellas personas que solían hacer largos viajes y en ocasiones no contaban con suficientes recursos para monitorear su estado de salud.

Tomé la decisión de ingresar a la Licenciatura en Químico Farmacéutico Biólogo en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, por lo que tuve que mudarme a la ciudad para continuar con mi formación. Durante todo el proceso me mantuve firme en terminar la carrera, comenzar a trabajar y continuar con una especialización; hasta que se llegó la etapa del servicio social, el cual finalicé en el Hospital General # 3, teniendo la oportunidad de estar en constante contacto con pacientes de diferente edad y gravedad, los cuales me dejaban ver que requerían algo más allá de una buena evaluación física, que también necesitamos un acompañamiento espiritual que nos permita ir avanzando cada día con mayor felicidad, plenitud y confianza.

Esto último fue un detonante para que la vocación al sacerdocio, que yo creía extinta renaciera con mayor fuerza, pues un año previo a la graduación de la licenciatura el deseo por responder iba en aumento; por lo tanto decidí comenzar con un discernimiento personal y acercándose el período de inscripciones hablé con mi familia, la cual desde el primer momento me hizo sentir su apoyo y emoción por el camino al que me dirigía. Hasta el día de hoy ha sido una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido, el haber ingresado al curso introductorio.

Dios se vale de todo…

Dios se vale de todo…

testimonio vocacional

ERICK jOSÉ aLVARADO MÁRQUEZ

nos llama a la vida

Mi nombre es Erick José Alvarado Márquez. Nací en Acapulco, Guerrero, el 21 de octubre de 1987. Soy de la Parroquia de Nuestra Señora del Refugio, en Sandovales. Mis padres son José Alvarado Sánchez y Abigaíl Márquez Bello. Somos cuatro hijos: dos mujeres y dos somos hombres, de los cuales, yo soy el mayor.

 

Mi llamado surge de una manera muy misteriosa. Me encontraba en una etapa de mi vida un poco difícil, porque mi padre estaba enfermo y no sabía qué era lo que tenía. Entonces, yo vivía en Estados Unidos. Creo que Dios se vale de todo para ponernos en el camino que él quiere. Después de un tiempo, cuando mi padre se encontraba a un enfermo, decide ir a un retiro que le cambió la vida. Mis padres se encontraban alejados de Dios, eran católicos de nombre. Pero gracias a ese retiro mi padre supera la enfermedad y comienza una conversión para él. La conversión llegó también a mí; asistí a ese retiro, el cual significó un “empujoncito” para conocer a lo que Dios me llamaba.

experiencia de

mi vocación

mi regalo, mi vocación

Al conocer a Dios, ya no podemos ser iguales, y creo que más de uno lo ha experimentado. Después de eso, decido servir dentro de la misma iglesia; es ahí donde comienza la búsqueda de la respuesta a la pregunta que tal vez todo joven se hace, ¿Qué quieres de mi Señor? Pero no lograba encontrar respuesta; sirviendo y dando lo mejor de mí, había un vacío que no lograba llenar. Sentía que Dios me llamaba a algo más. Dios se valió de su propia palabra, de personas, y de las circunstancias para llegar hacia donde ahora estoy.

Al encontrar esa respuesta de lo que Dios me pedía, no voy a negar que me dio miedo, porque no conocía hacia dónde me dirigía; su palabra resonaba en lo interior:  SÍGUEME; pero Él iba poniendo los medios para lograr dar ese paso. Vivía en un país que no era el mío, muy difícil por el inglés, por otras culturas, pero aun así no me detuvo esa inquietud.

 Cuando estaba seguro que Dios me llamaba, decidí regresar a México; implicó un sacrificio que me costaría mucho, la separación de mi familia. En toda mi vida nunca me había separado de ella. Por lo cual, los primeros meses fueron muy duros. En el transcurso del tiempo, pierdo la esperanza de entrar en un seminario.

Cuando menos lo esperé, Dios ya estaba poniendo a una persona para ayudarme a entrar al Seminario de Aguascalientes. Yo, en mis planes, ya había decidido regresar a los Estados Unidos, pero Dios tenía otros planes. Dice un dicho popular:  “si quieres hacer reír a Dios cuéntale tus planes”, eso sucedió conmigo. Gracias a un gran sacerdote y amigo mío, logré comenzar mi formación en el Seminario en el año 2017.

A pesar de que ha pasado cierto tiempo de haber ingresado al seminario, no me arrepiento de esta decisión. Sin duda, he tenido problemas y circunstancias que me llevan a “romperme”, pero hay algo que mi madre dice y que siempre lo recuerdo: las cosas fáciles no duran, en cambio las difíciles perduran; y así es el camino de Dios, cuesta mucho y dura para la eternidad.

Te pido que ores por nosotros, los seminaristas, para que el Señor de la mies se digne enviar santos sacerdotes, sacerdotes que estén verdaderamente dispuestos a dar la vida por el pueblo de Dios y a mostrar un Dios vivo. Oremos también por esos jóvenes que sienten el llamado a esta vocación, para que se atrevan a dar un Sí generoso. Y tú joven, no tengas miedo de seguir a Dios, con Dios nada pierdes, sino que lo ganas todo.

 

¿que quieres de mí señor?

momentos de mi vida

Misiones Frontera Centla Tabasco

vida en el seminario

Sin duda que la convivencia con los amigos y compañeros hace que la vida en el seminario sea más alegre.

compartiendo amistad

Los compañeros son como la segunda familia que Dios te da.

cercania con los jovenes

En distintas pastorales sirviendo a la juventud en su formación.

experiencias inolvidables 

 Paseando en Cayuco por los pantanos de Centla, fue inolvidable.

 

compartiendo la alegría

Disfrutamos de la vocación con los distintas conviviendo en distintas fiestas internas.

en el hueco de tus dulces manos

Bajo la protección de Nuestra Madre, encomiendo mi vocación.

 

las cosas fáciles no duran, 

en cambio las difíciles perduran

 

Somos discípulos tuyos

Somos discípulos tuyos

SOMOS DISCÍPULOS TUYOS  

Recibí por primera vez mi sotana con mucho gusto y gratitud grandísima un 20 de enero de año 2019.

Antes de contar mi experiencia, quiero decir lo que significa la sotana en la figura del seminarista. Seguramente todos tenemos la imagen de un seminarista, representada como un joven con una sotana, una banda azul y una cota blanca. Y ciertamente no es cualquier atuendo, pues la sotana no es para presumirse o para ostentar, al contrario, en sí misma y por su color negro tan característico, significa pobreza, humildad y, sobre todo, austeridad en la vivencia dentro del mundo al que no pertenece el que la viste. La banda azul significa como tal la pertenencia a María, así como la castidad que debe vivir el que se ciñe con ella, y por último la cota, de un color claro significa la gracia que el portador debe tener para acercarse al altar de Dios.

Pues bien, sabiendo eso quiero narrar a grandes rasgos mi experiencia como: el antes, durante y después de la imposición de sotana. Para empezar, es un evento muy esperado en el primer año del curso introductorio, pues es la coronación de tal etapa. Recuerdo con mucho cariño y hasta “se me eriza la piel” al recordarlo.

Recuerdo que yo me encargue de contactar a las religiosas que iban a confeccionar nuestras sotanas y nuestras cotas, tanto así que ya había agendado desde principios de septiembre, siendo que la imposición sería hasta los últimos días de enero del siguiente año. En este contexto, me viene a la memoria cada visita que hacíamos a la casa del seminario Mayor en ciertos eventos a los que éramos invitados y veíamos a los seminaristas de etapas superiores. Nunca faltaba aquel compañero (o incluso yo mismo) que preguntaba en donde la habían mandado hacer, cuánto había costado, de qué tela estaba hecha, etc. Y no se diga dos o tres semanas antes de la imposición, pues ya sabíamos cómo nos íbamos a revestir, cómo se ponía la banda, nos emocionábamos hasta por el tipo de corte que tendría nuestra sotana, que si romana, que si jesuita o tipo alba y etc. No podíamos esperar más a vernos de negro y ahora sí “pareciendo seminaristas (aunque ya lo éramos)”.  Todos estos sentimientos afloraron más cuándo días antes tuvimos nuestro retiro con el tema principal de lo que conllevaba portar la sotana, la responsabilidad que traía incrustada y la búsqueda de la santidad “que se escondía en el negro asiduo de tan hermosa prenda”.

«Revístanse, pues, del hombre nuevo» Efesios 4, 24

Por fin llegó el momento, muchos no dormimos la noche anterior por la emoción y “le sobraban horas al día” para llegar al Seminario Mayor, donde sería la celebración eucarística. Esa mañana estábamos muy felices, y pasó el tiempo para poder trasladarnos a la Ciudad de Aguascalientes (el curso introductorio está en Pabellón de Hidalgo). En la combi hubo momentos de todo, de mucha emoción, de risa, y otros donde estábamos más calmados, por así decirlo. Cuando llegamos, aún no estaban nuestros familiares (de hecho, para estas fechas se dio el famoso desabasto de gasolina), y el padre que iba a ceremoniar en la misa, se dedicó a ensayarnos para que hubiese las menos equivocaciones posibles. Ya en la capilla, recuerdo claramente que el P. Rector nos exhortaba a no bajar la guardia ante las adversidades y tentaciones, y que nos conserváramos fieles en este llamado que el Señor nos ha hecho. Después de revestirnos, nos arrodillamos alrededor del presbiterio con la sotana en las manos y proclamamos:

“… que la sotana con la que hoy nos hemos revestido, nos recuerde que somos discípulos tuyos; nos exija ser constantes en la oración, alegres y fraternos en nuestras relaciones, humildes y sencillos, austeros y laboriosos, castos y obedientes a ejemplo tuyo, a quien gustosa y libremente seguimos”.

En realidad, me quedo corto al tratar de describir ese momento, pues fue un gran regalo por parte de Jesús, no es cualquier cosa constatar una llamada que se cree que el Señor hizo desde antes de nacer. Lo que guardo en el corazón y con mucho cariño es el contemplar a la imagen de la Virgen de Guadalupe, pues no solo me sentí acogido por Cristo, sino que también, asistido por ella y su maternal protección. A partir de ese momento, supe que no caminaba solo. Claro que, no puedo dejar de lado lo hermoso que es que esté la familia, los que siempre me van a apoyar aún en las mayores equivocaciones y tropiezos; mi madre no paraba de llorar y veía mucha satisfacción (aunque extrañeza) en el rostro de mi padre.

En fin, es asombrosa la aventura que se vive en torno al Señor Jesús, indescriptibles e incontables las gracias que el Buen Dios me ha regalado durante toda mi vida. No me arrepiento de haber emprendido esta fantástica travesía de la mano del Buen Pastor y mucho menos de haberle dicho un primer “si quiero”. Así también le agradezco al Gran Dueño de mi vida por los amigos que me ha regalado en mi caminar, pues me queda claro que, si bien no estoy aquí para hacer amigos, los que he atesorado como mis compañeros de camino son “pura gracia”.

 

Si llegaste hasta aquí, no desesperes y presta atención: Dios pone los medios, tú respóndele y opta por él. Si eres un chavo que cree tener vocación, ¡no tengas miedo! Si eres un padre o madre de familia, un hermano o amigo de algún llamado por Jesús, pide por él, motívalo.

Así la palabra de Dios nos dice: “Si te has decidido a servir al Señor, prepárate para la prueba” (Eclesiástico 2, 1-3).

Este es un camino solo para valientes ¿estás dispuesto a empezar la carrera? No te arrepentirás.  

 

Envía operarios a tu mies.

Edgar Laris Ruvalcaba