Testimonio de Carlos Obed Guerrero Martínez

Testimonio de Carlos Obed Guerrero Martínez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

«No busco ni quiero la gloria de este mundo; la espero muy grande en el otro»

San Juan XXIII.

 

Carlos Obed Guerrero Martínez

Vocación

 

Mi nombre es Carlos Obed Guerrero Martínez tengo la edad de 20 años y actualmente soy alumno del Seminario Diocesano de Aguascalientes por lo que estoy cursando ahora el segundo año de la Etapa Discipular. Soy originario de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe de Maravillas, Jesús María, Aguascalientes. Puedo resumir mi vocación como una bendición que Dios me ha otorgado para crecer y dar frutos y, además, para que en el momento último pueda gozar de la felicidad eterna. Por otro lado, el santo al cual yo soy devoto es San Juan XXIII por el hecho de que su carisma y su actitud de paz atraía bastante a los fieles y, además, por su encanto que manifestaba por las cosas de Dios.

Cabe decir, que mi inquietud de ser sacerdote comenzó gracias a la experiencia de estar sirviendo en la sacristía de mi parroquia, pues, alcance a percatarme de la gran figura del sacerdote,  en este sentido, me atraía la actividad que realizaban en la parroquia; ya que, el apoyo a los demás ha sido una inquietud que yo he tenido desde pequeño, pues, la formación que mis padres me inculcaron desde mi niñez fue clave para tener esta intención, más aún, con el tiempo ha surgido en mí una gran tendencia de seguir en el trabajo pastoral, pero de una manera especial en el ministerio sacerdotal.

Debo decir que las personas que animaron mi propuesta y mi inquietud de ingresar al seminario fueron los sacerdotes de mi parroquia y, por otro lado, mi familia, quien desde el momento en que yo tomé la decisión hasta el día de hoy me han estado ayudando, preocupándose y colaborando con mi decisión.

Por otra parte, dentro de  mi proceso vocacional me he podido percatar que han sido distintos factores que me han ayudado a crecer en mi persona, por lo cual, desde la dimensión humana puedo identificar la parte de la comunidad que me ha impulsado a ir más adelante y a desarrollar mis habilidades y, otra cosa fundamental que me ha ayudado en mi discernimiento y crecimiento personal ha sido el acompañamiento de mis formadores y de mi familia, así como también el de todas aquellas personas que he conocido en el camino vocacional, pues me han enseñado con sus actitudes anhelar el reino de Dios.

En consecuente, a todos aquellos que tienen inquietud de ser sacerdotes los invito a atreverse hacer la experiencia del Seminario y a no tener miedo, para descubrir realmente su vocación, sin embargo, considerar el llamado que Dios nos hace y responder de forma personal y con mucha generosidad, dejándonos mover por Dios y poniendo en Él nuestra confianza.

Por la Virtud.

Por la Fe.

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Testimonio de Ernesto Alfonso Galindo Tovar

Testimonio de Ernesto Alfonso Galindo Tovar

“Señor dame la gracia de estar vacío de mí mismo, resucitar contigo y estar lleno de ti”. Hermana Clare Crockett

 

Ernesto Alfonso Galindo Tovar

Vocación

Mi nombre es Ernesto Alfonso Galindo Tovar, tengo 21 años y curso actualmente el tercer año de la Etapa Discipular (filosofía). Pertenezco a la Parroquia de Nuestra Señora de Belén, Asientos, Ags.  Mi lugar de origen es Guadalupe de Atlas, Asientos, Ags.

“Señor dame la gracia de estar vacío de mí mismo, resucitar contigo y estar lleno de ti”, son las palabras de la hermana Clare Crockett y son las palabras que hasta el momento me han ayudado en mi vocación. Reconozco la gran misericordia que el Señor Jesús nos tiene, y sé que cuando nos dejamos amar por Él actúa grandemente en nosotros.

Mi deseo por ingresar al Seminario y por optar a la vida sacerdotal, comenzó en un retiro espiritual, en el que predicaba el Padre Darío Betancourt, me sorprendía la manera en que predicaba y la manera en que se dirigía a todas las personas, en un receso me acerque a comentarle mi inquietud, él me impulsó y motivó para vivir la experiencia de un Preseminario.

Además del testimonio del padre Heberto, Apolonio, Antonio y Porfirio que de cierta manera son parte de la familia. En este caminar siempre me han acompañado mi familia, profesores, formadores, amigos, y otras personas que han estado atentas.

Yo le diría a alguien que siente la inquietud por la vida sacerdotal, que no tenga miedo a dar el primer paso de responderle al Señor, que confié profundamente en Jesús y que se atreva a comenzar esta aventura. 

Desde muy pequeño me ha impactado la vida de San Francisco de Asís, principalmente el despojamiento total para entregar su vida a Jesús y todo por amor.

Puedo decir que espiritual y humanamente durante mi proceso vocacional me han ayudado las oraciones de mi propia familia, amigos y conocidos, la cercanía, el interés, el amor y su ayuda.    

Testimonio de Ulises Domínguez Contreras

Testimonio de Ulises Domínguez Contreras

«En el corazón de mi madre la iglesia yo quiero ser el amor»

(Santa Teresita del Niño Jesús))

 

Ulises Domínguez Contreras

Vocación

Hola, me da mucho gusto escribir para ustedes y poder compartirles un poco de cómo ha sido este proceso de seguir al Señor.

Mi nombre es Ulises Domínguez Contreras y tengo la edad de 19 años. Actualmente estoy cursando el primer año de la etapa discipular, mejor conocida como la etapa de filosofía. Esta etapa tiene como finalidad, como su nombre ya nos da una primera idea, hacernos discípulos del Señor Jesús.

Soy originario del municipio de Teocaltiche, que forma parte de la hermosa zona altos norte, perteneciente al vecino estado de Jalisco. Vivo en la cabecera municipal y soy feligrés de la parroquia de San Miguel Arcángel.

“yo quiero ser el pulso que da vida al cuerpo místico, y hacer llegar la sangre de Jesús a cada miembro, porque en el corazón de mi madre la Iglesia yo quiero ser el amor, así puedo serlo todo” (Santa Teresita del Niño Jesús)

Creo que mi deseo de ser sacerdote nace por varias razones, quisiera resaltar tres que considero son las que más influyeron para que tomara esta decisión.

La primera de ellas es la religiosidad que profesa la mayoría de mi familia. Desde pequeños a mis padres les fue transmitida la fe católica, especialmente por parte de mis dos abuelas, y que a su tiempo también a mí me fue transmitida. Al ver a mis familiares desempeñándose en algún movimiento, pastoral o grupo de la parroquia (Adoración Nocturna, Lectores, ministros de la comunión, Cenáculos de la divina voluntad, Franciscanos terciaros, etc.) despertó en mí el interés por las cosas de Dios. Pero también en su fe particular, como el rezo del rosario, la devoción a los santos o la asistencia constante de misa

La segunda, fue la responsabilidad de mis padres en mi formación en la fe. Cumplida la edad mínima para entrar a la catequesis infantil, mi madre me inscribió para comenzar la formación inicial. Mis padres siempre se mantuvieron muy al pendiente de todas las disposiciones que en el catecismo se iban suscitando, y ha esto me refiero a la constancia de llevarme a mis clases, de asistir a las evangelizaciones en los tiempos litúrgicos fuertes, mi asistencia a misa dominical, kermeses y otras actividades, todas estas acciones me ayudaron a conocer y a querer más mi fe.

Y, por último, un gusto personal por las cosas sacras. Desde que tengo memoria me han gustado mucho las campanas, también hacía pequeños altares con manteles y los santos que encontraba en la casa, y no podía faltar, jugaba a dar misa. Todo esto fue un incentivo para acercarme a la iglesia y a Dios. A la edad de 10 años me invitaron a pertenecer al grupo de monaguillos parroquial, y sin pensarlo, acepté de inmediato. y este último paso fue de gran importancia, puesto que pude convivir con muchos sacerdotes y eso me motiva bastante.

Nunca tuve un acompañamiento vocacional formal por ningún sacerdote, pero siendo monaguillo pude ver y estar con muchos sacerdotes que con su ejemplo me iban sembrando en mí la inquietud de ser como ellos. Recuerdo con agrado a los padres Leobardo Esparza Lara, José Alejandro Serna Pérez, Luis Enrique Contreras de Anda, y Emmanuel López Romo, cada uno de ellos desempeñando su diaconado en la parroquia. Y especialmente a los padres Gerónimo Palacios Bernal, Ernesto Maldonado Ramírez, Oscar Flores García y al padre Arturo Flores Macías, mi actual párroco, por su forma ejemplar de vida sacerdotal.

Yo aconsejaría a todos los jóvenes que tienen inquietud vocacional, que no se crean lo que los demás cuentan acerca del seminario, que no dejen que los demás les platiquen falsedades y prejuicios acerca de la formación al sacerdocio, que vengan y experimenten por ellos mismos y que así puedan decirle al Señor, “Señor yo te conocía de oídas, ahora te conozco en persona”.

Tengo tres devociones personales, la primera es a San José, quien fue mi primer patrono al entrar al Seminario, a San Juan María Vianey a quien admiro mucho, y a la Sagrada Familia, las tres personas más santas que han pisado la tierra.

Me ha ayudado sobremanera todo el acompañamiento de mis padres superiores, que me ayudan a seguir creciendo en mi vida humana y espiritual, así como todos los medios que nos facilita el seminario en todas las 4 áreas de formación integral de la persona.

Testimonio de Antonio Guadalupe de la Rosa Morales

Testimonio de Antonio Guadalupe de la Rosa Morales

«A Jesús,
dueño de todo, le entregó mi vida…»

 

Antonio Guadalupe de la Rosa Morales

Vocación

Mi nombre es Antonio Guadalupe de la Rosa Morales tengo diecinueve años y estoy en
primer año de la etapa disipular. Soy originario de Aguascalientes, Ags., México; de la
capellanía de San Ignacio de Loyola. Quiero resumir mi vocación en esta frase: “A Jesús,
dueño de todo, le entregó mi vida para que la convierta en el instrumento que lleva la
alegría del evangelio a quien lo necesite”.
Mi deseo de ser sacerdote nace cuando era pequeño mientras era monaguillo, pero
conforme fui creciendo también fui olvidando esta inquietud. Durante el tiempo de la
secundaria y la preparatoria deje de participar en la pastoral de mi capellania, limitándome
a sólo asistir a Misa los domingos. Fue hasta la muerte de mi abuelita (un momento difícil)
dónde me di cuanta que en Jesús esta mi fortaleza, comencé por asistir a Misa entre
semana, después participé de un visiteo en mi capellania y así me fui involucrado en los
grupos de pastoral. Es ahí en donde me doy cuenta de la necesidad qué hay de más
sacerdotes y y surge de nuevo la inquietud por la vida sacerdotal.

Pero el llamado lo sentí con más intensidad cuando el sacerdote de mi capellanía (P. Luis
Alberto González Quezada) me pregunta si me he sentido interesado por entrar al
seminario, al responder que si, él me comenzó a platicar del seminario y sobre la vida de un
sacerdote, durante meses él fue un gran apoyo en mi discernimiento. De igual manera, mi
familia ha sido un gran pilar que me ayuda a estar en el seminario, sus oraciones y
motivaciones son muy importantes para mí porque me hacen sentir confiado. También es
muy grato ver cómo amigos y conocidos comparten esta alegría con migo. Estoy agradecido
con Dios por todo esto.
¿Qué le digo a un joven con inquietud de ser Sacerdote? Que sea valiente, el Señor quiere
hacer de nuestra vida algo grande, quiere que participemos de su obra con Él, y esta alegría,
la alegría de sentirse elegido por Jesús, no tienen comparación a los placeres que el mundo
ofrece.

Santa María de Guadalupe, San José, San Ignacio de Loyola, Santa María Faustina Kowalska,
el Beato Carlos Acutis, entre otros más: son grandes santos de mi devoción que me han
ayudado en el camino de discernimiento que he emprendido, también pido que ellos
intercedan por los sacerdotes y los futuros sacerdotes.
En mi vida humana y espiritual me ayuda la Eucaristía de todos los días, los diferentes
espacios y tiempos que el seminario ofrece para hacer oración, convivir con los mismos
amigos seminaristas, para el estudio y pasar tiempo con las personas en el apostolado.

Testimonio de Héctor Daniel Álvarez De Luna

Testimonio de Héctor Daniel Álvarez De Luna

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

Salmo 115

 

Héctor Daniel Álvarez De Luna

Vocación

Mi nombre es Héctor Daniel Álvarez De Luna, tengo 22 años y curso actualmente el 3er año de la Etapa Discipular mejor conocida como filosofía. Pertenezco a la Parroquia de Santa María Reina en Colinas del río, Ags.

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?, son las palabras que expresa el salmista en el salmo 115 y son ahora las que yo hago mías y en las cuales resumo no sólo mi vocación, sino mi vida hasta este momento, pues el Señor no ha dejado de sostenerme y ayudarme, reconozco que me ha regalado generosamente mucho, pero también reconozco que me exigirá mucho más, pues es un Padre Bueno que quiere lo mejor para sus hijos.

Mi deseo por ingresar al Seminario y por optar a la vida sacerdotal, comenzó justamente en mi
parroquia, sirviendo al altar como “monaguillo”. Resalto y agradezco de manera especial el
acompañamiento y testimonio sacerdotal del Pbro. José Ángel Márquez González, el cual tienen buena parte en esto, pues su entrega como párroco y posteriormente como formador, ha irradiado e iluminado este itinerario vocacional, por medio de virtudes reflejadas en la alegría y el servicio.

Además de otras personas, tales como: familiares, profesores, conocidos y amigos, que con su
presencia y oración me han acompañado en este proceso vocacional y a su vez, han contribuido de manera silenciosa en mi formación.

En lo personal, yo le diría a alguien que siente la inquietud por la vida sacerdotal, que tenga fe y confianza en Dios, pues es precisamente lo único que Él nos pide, confiar y confiar, pues nunca nos deja solos, sino que por medio de diversas personas y circunstancias, manifiesta su obra salvadora.

Desde mi estancia en el Seminario me ha asombrado la imagen de Jesucristo Sumo y Eterno
Sacerdote que se encuentra colocada en la capilla de la Hnas. OSM. Y es precisamente el modelo que he venido siguiendo en este proceso formativo y en el cual a través de la Eucaristía he encomendado mi vida y vocación.

Puedo decir que espiritual y humanamente durante mi proceso vocacional, me han ayudado diversos factores, momentos y personas, tales como: las oraciones de mi propia familia, amigos y conocidos, además de la cercanía que siempre han mostrado para conmigo y la ayuda desinteresada.

También me ha ayudado el testimonio concreto y la ayuda de mis profesores, los cuales de manera muy silenciosa van depositando enseñanzas en cada uno de los que formamos parte de esta benemérita institución, llamada Seminario. Reconozco además el incansable trabajo del equipo formador, que por medio del estudio y estructuras humanas y espirituales de la persona, van ofreciendo material y ayuda a cada uno de nosotros, para ir conociéndonos y madurando más como personas humanas y cristianas. No puedo pasar dejar de largo la oración y apoyo constante de los miembros de la L.R.A.S.F. pues sin ellos, el seminario no funcionaría como lo es ahora. Estos y otros muchos factores me han ayudado en mi proceso vocacional.

Por lo que al ingresar al seminario he recibido la sotana el 20 de enero de 2019, y es un acontecimiento de mucha alegría y felicidad, es una experiencia inolvidable que también me ha impulsado a seguir en este camino rumbo al sacerdocio. De igual manera he conocido grandes amistades de seminaristas y sacerdotes que también me han ayudado a seguir creciendo y a seguir respondiendo al Señor, puesto que buscamos el mismo objetivo. Además he trabajado en diferentes pastorales y conocido muchas personas, con las que he tenido gratas experiencias, las cuales me han manifestado una sed de Dios, y viendo esa necesidad de Dios en las personas quiero ser sacerdote para ser ese intermediario entre Dios y el hombre.

Por la Virtud.

Por la Fe.

Por la Doctrina.

 

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Testimonio de Juan José Méndez Esparza

Testimonio de Juan José Méndez Esparza

“¿No ardía nuestro corazón en nuestro interior cuando nos hablaba en el camino y nos iba explicando las Escrituras?”. Lc. 24, 32

 

Juan José Méndez Esparza

Vocación

Mi nombre es Juan José Méndez Esparza, tengo 24 años de edad y actualmente estoy cursando el tercer año de la etapa de Teología. Soy originario de la parroquia del Señor del Salitre, Calvillo, Aguascalientes.

Una frase del Evangelio que siempre me ha llamado la atención se encuentra en Lc 24, 32: “¿No ardía nuestro corazón en nuestro interior cuando nos hablaba en el camino y nos iba explicando las Escrituras?”. Esa frase ha resonado fuertemente en mi interior, pues yo también sentí que realmente mi corazón ardía cuando Dios iba conmigo de camino, cuando siento la confianza de que en mi interior me ama incondicionalmente. Aún siento que mi corazón sigue ardiendo.

El primer acercamiento que tuve con Jesús, donde sentí el llamado por la vocación sacerdotal, lo tuve en mi comunidad, en una representación de la vida de san Juan María Vianney. En ese pequeño momento, yo, siendo un niño todavía, creí sentir muy hondamente en el alma la clara voz del Señor que me decía “sígueme”. El testimonio de vida de este cura rural me llenó de emoción y de ganas de actuar como él, de seguir los pasos por esta aventura vocacional. Lo que más me llamó la atención de esta representación fue la sencillez de palabra y de vida del santo, pues su persona era, a la vez sencilla y atrayente. Y así se fue gestando en mí el inicial deseo de ser sacerdote. Posteriormente, ya en la adolescencia, casi de la nada volvía a comenzar a arder nuevamente ese impulso por responder al Señor. Entre miedos e ilusiones entré al seminario, cuando todavía tenía 17 años.
En este caminar de ya poco más de seis años me ha acompañado mi familia, que nunca puso resistencia para que yo optara por este camino. Los formadores y personas que oran por nosotros son de gran confortación en el camino que avanza. Especialmente, mis amigos y compañeros me han ayudado a seguir alegremente la voz de Dios, pues se han convertido en auténticos hermanos y compañeros de viaje. Por ellos he podido animarme y ser feliz en esta vocación. Espiritualmente me ha ayudado la devoción a este santo ya mencionado, el cura de Ars, pero también a Nuestra Señora del Carmen, que ha visto, desde que yo era pequeño, cómo ha ido madurando el sí por el camino del Señor.

El camino del seminarista es una vida de retos y dificultades, pero también de alegrías, satisfacciones y crecimiento. Cuando el Señor llama es imposible no hacer caso a esa voz, pues en él estará el camino de la plena felicidad; no en las cosas materiales, en los proyectos hechos al margen de Dios. Cuando nos acogemos a Dios, él nunca nos puede dejar, pues su fidelidad es más grande que nuestros problemas. Así que, si tienes inquietud, si sientes que el Señor quiere que seas sacerdote, no dudes en responder generosamente. Él espera tu respuesta, pues él tiene planeadas cosas grandes para ti. ¡Adelante!