Somos discípulos tuyos

Somos discípulos tuyos

Somos discípulos tuyos  

 

Recibí por primera vez mi sotana con mucho gusto y gratitud grandísima un 20 de enero de año 2019.

Antes de contar mi experiencia, quiero decir lo que significa la sotana en la figura del seminarista. Seguramente todos tenemos la imagen de un seminarista, representada como un joven con una sotana, una banda azul y una cota blanca. Y ciertamente no es cualquier atuendo, pues la sotana no es para presumirse o para ostentar, al contrario, en sí misma y por su color negro tan característico, significa pobreza, humildad y, sobre todo, austeridad en la vivencia dentro del mundo al que no pertenece el que la viste. La banda azul significa como tal la pertenencia a María, así como la castidad que debe vivir el que se ciñe con ella, y por último la cota, de un color claro significa la gracia que el portador debe tener para acercarse al altar de Dios.

Pues bien, sabiendo eso quiero narrar a grandes rasgos mi experiencia como: el antes, durante y después de la imposición de sotana. Para empezar, es un evento muy esperado en el primer año del curso introductorio, pues es la coronación de tal etapa. Recuerdo con mucho cariño y hasta “se me eriza la piel” al recordarlo.

Recuerdo que yo me encargue de contactar a las religiosas que iban a confeccionar nuestras sotanas y nuestras cotas, tanto así que ya había agendado desde principios de septiembre, siendo que la imposición sería hasta los últimos días de enero del siguiente año. En este contexto, me viene a la memoria cada visita que hacíamos a la casa del seminario Mayor en ciertos eventos a los que éramos invitados y veíamos a los seminaristas de etapas superiores. Nunca faltaba aquel compañero (o incluso yo mismo) que preguntaba en donde la habían mandado hacer, cuánto había costado, de qué tela estaba hecha, etc. Y no se diga dos o tres semanas antes de la imposición, pues ya sabíamos cómo nos íbamos a revestir, cómo se ponía la banda, nos emocionábamos hasta por el tipo de corte que tendría nuestra sotana, que si romana, que si jesuita o tipo alba y etc. No podíamos esperar más a vernos de negro y ahora sí “pareciendo seminaristas (aunque ya lo éramos)”.  Todos estos sentimientos afloraron más cuándo días antes tuvimos nuestro retiro con el tema principal de lo que conllevaba portar la sotana, la responsabilidad que traía incrustada y la búsqueda de la santidad “que se escondía en el negro asiduo de tan hermosa prenda”.

“Revístanse, pues, del hombre nuevo” Efesios 4, 24

Por fin llegó el momento, muchos no dormimos la noche anterior por la emoción y “le sobraban horas al día” para llegar al Seminario Mayor, donde sería la celebración eucarística. Esa mañana estábamos muy felices, y pasó el tiempo para poder trasladarnos a la Ciudad de Aguascalientes (el curso introductorio está en Pabellón de Hidalgo). En la combi hubo momentos de todo, de mucha emoción, de risa, y otros donde estábamos más calmados, por así decirlo. Cuando llegamos, aún no estaban nuestros familiares (de hecho, para estas fechas se dio el famoso desabasto de gasolina), y el padre que iba a ceremoniar en la misa, se dedicó a ensayarnos para que hubiese las menos equivocaciones posibles. Ya en la capilla, recuerdo claramente que el P. Rector nos exhortaba a no bajar la guardia ante las adversidades y tentaciones, y que nos conserváramos fieles en este llamado que el Señor nos ha hecho. Después de revestirnos, nos arrodillamos alrededor del presbiterio con la sotana en las manos y proclamamos:

“… que la sotana con la que hoy nos hemos revestido, nos recuerde que somos discípulos tuyos; nos exija ser constantes en la oración, alegres y fraternos en nuestras relaciones, humildes y sencillos, austeros y laboriosos, castos y obedientes a ejemplo tuyo, a quien gustosa y libremente seguimos”.

En realidad, me quedo corto al tratar de describir ese momento, pues fue un gran regalo por parte de Jesús, no es cualquier cosa constatar una llamada que se cree que el Señor hizo desde antes de nacer. Lo que guardo en el corazón y con mucho cariño es el contemplar a la imagen de la Virgen de Guadalupe, pues no solo me sentí acogido por Cristo, sino que también, asistido por ella y su maternal protección. A partir de ese momento, supe que no caminaba solo. Claro que, no puedo dejar de lado lo hermoso que es que esté la familia, los que siempre me van a apoyar aún en las mayores equivocaciones y tropiezos; mi madre no paraba de llorar y veía mucha satisfacción (aunque extrañeza) en el rostro de mi padre.

En fin, es asombrosa la aventura que se vive en torno al Señor Jesús, indescriptibles e incontables las gracias que el Buen Dios me ha regalado durante toda mi vida. No me arrepiento de haber emprendido esta fantástica travesía de la mano del Buen Pastor y mucho menos de haberle dicho un primer “si quiero”. Así también le agradezco al Gran Dueño de mi vida por los amigos que me ha regalado en mi caminar, pues me queda claro que, si bien no estoy aquí para hacer amigos, los que he atesorado como mis compañeros de camino son “pura gracia”.

 

Si llegaste hasta aquí, no desesperes y presta atención: Dios pone los medios, tú respóndele y opta por él. Si eres un chavo que cree tener vocación, ¡no tengas miedo! Si eres un padre o madre de familia, un hermano o amigo de algún llamado por Jesús, pide por él, motívalo.

Así la palabra de Dios nos dice: “Si te has decidido a servir al Señor, prepárate para la prueba” (Eclesiástico 2, 1-3).

Este es un camino solo para valientes ¿estás dispuesto a empezar la carrera? No te arrepentirás.  

 

Envía operarios a tu mies.

Edgar Oswaldo Laris Rubalcava

Homilía II domingo de cuaresma

Homilía II domingo de cuaresma

hOMILÍA

II DOMINGO DE CUARESMA

Queridos hermanos hemos comenzado ya el II domingo de cuaresma y el último domingo de Febrero Mes del Seminario. Por este motivo, en un contexto de oración, penitencia y sacrificio, como nos invita la cuaresma, hemos de intensificar nuestras oraciones por nuestro Seminario Diocesano y por las vocaciones a la vida sacerdotal, para que Dios, el mismo que ha llamado a Abrahán, a Pedro, Santiago y Juan, siga llamando a jóvenes dóciles y sencillos, a la vida sacerdotal.

Las lecturas de este día nos invitan a permanecer firmes en la fe, aún a pesar de vivir momentos de prueba y desánimo, pues Dios es fiel y bendice a quienes creen y esperan en Él. La mayor y más sublime virtud del hombre que se siente llamado por Dios es la obediencia y el cumplimiento de la voluntad divina. Un ejemplo claro es Abrahán, tal como lo narra el libro del Génesis. Dios pone a prueba su fe pidiéndole que ofrezca en sacrificio a su hijo único Isaac, del mismo modo como se acostumbraba a sacrificar a los corderos sobre el altar de piedra. Lo llama por su nombre en dos ocasiones y le describe la encomienda del sacrificio de su propio Hijo.

Sin duda alguna que para cualquier padre o madre que tienen un hijo único, sería sumamente doloroso entregarlo a la muerte, o entregárselo al Señor. Sin embargo, Dios no es un ser que cause dolor y tristeza, sino que “mucho le cuesta la muerte de los que lo aman” (Sal 115, 15). Ha puesto a prueba la fe de Abrahán, no para causarle un mal, sino para fortalecer su confianza y entrega. A cambio de este acto de fidelidad, Dios ha salvado la vida de su hijo Isaac y le ha prometido toda clase de bendiciones para su descendencia. Abrahán se convierte en este momento en un modelo de vida, para quienes buscamos la voz de Dios y deseamos hacer su voluntad.

Hoy en día, Dios se sigue manifestando en la vida de los hombres y mujeres de este tiempo, seguramente no para pedir sacrificios humanos, como en el tiempo de Abrahán, pero sí para pedir un sacrificio único y agradable: nuestra propia vida, en otras palabras, el Señor nos llama una y otra vez, para que lo sigamos, confiemos en Él y le entreguemos nuestra vida, y la de nuestros seres queridos. Quiere que “caminemos en su presencia en el país de la vida”, como hemos cantado en el salmo responsorial.

“Este es mi Hijo amado; escúchenlo”

Nuestro mejor ejemplo de entrega y sacrificio es su propio Hijo, Jesucristo Nuestro Señor, el mismo que se transfiguró gloriosamente ante los ojos de Pedro, Santiago y Juan, superior a los profetas y a la ley, aquel cuyo rostro resplandecía más blanco que la nieve, y que fue confirmado como Hijo amado del Padre; es ahora nuestra vida y nuestra salvación. Dios Padre, a ejemplo de Abrahán, ha llevado a su Hijo único al monte, lo ha puesto en el altar de la cruz y lo ha sacrificado como al cordero Pascual, derramando su sangre por el perdón de los pecados. Su obediencia y muerte en la cruz, nos ha traído vida y salvación al género humano. Pero Dios, que es fiel a sus promesas, también le ha resucitado al tercer día, y por él todos tenemos vida.

Sigamos siendo asiduos en la oración, en este tiempo de cuaresma. Y pidamos a Dios por aquellos jóvenes que se sienten llamados a la vida sacerdotal, y por sus familias, para que, si es voluntad de Dios, estos mismos padres, a ejemplo de Abrahán, estén dispuestos a entregar a sus hijos al servicio de Dios y para bien de su Iglesia.

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FELIZ Y CONTENTO

FELIZ Y CONTENTO

testimonio vocacional

pbro. josé ángel márquez gonzález

dios

nos llama a la vida

Me bautizaron con el nombre de José Ángel Márquez González, nací el 20 de marzo de 1970 en Teocaltiche, Jalisco. Ingresé al Seminario Diocesano cuando tenía 15 años, un día 5 de septiembre de 1985, a las cinco de la tarde. Yo quería ser sacerdote, no puedo identificar el momento preciso en que el Señor me llamó, pero Él se manifestó en mi vida de muchas formas y maneras;

y durante mi vida de seminario me fue dando las herramientas necesarias para ir respondiendo a las obligaciones de la misma formación en un constante discernimiento para entregar la vida. Durante el seminario eran y son para mí un gran ejemplo y testimonio todos los formadores que me acompañaron en mi proceso vocacional.

experiencia de

mi vocación

mi mejor regalo, el sacerdocio

Cuando yo entraba en crisis de querer dejar el seminario y optar por otra vida me era suficiente ver a mis maestros y formadores, porque yo decía: si ellos que son tan inteligentes y capaces han optado en su vida por el sacerdocio eso es signo de que es lo mejor que Dios le puede regalar al ser humano, la gracia de traer a este mundo su Cuerpo y su Sangre, como alimento para la humanidad, no hay regalo más grande que éste, la presencia de Nuestro Señor en la Santa Eucaristía. Ya lo dijo San Juan Pablo II: “la Iglesia vive de la Eucaristía y la Eucaristía hace a la Iglesia; y el sacerdote y la Eucaristía, viven íntimamente en el misterio de la contemplación”.

Me consagré Diácono en mayo de 1996, desempeñé mi ministerio en la parroquia de la Sagrada Familia de Encarnación de Díaz, Jalisco. Me ordené sacerdote el 6 de junio de 1996, de manera que el Señor me ha sostenido durante estos ya casi 25 años de ministerio. He sido destinado cuatro años de mi vida recién ordenado a la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en Pabellón de Arteaga, mi Señor cura fue el Padre Salvador Salas Obregón, luego fui destinado a la Parroquia de San Leonardo Murialdo, durante 12 años, ahí aprendí a

ser párroco, bueno ahí comencé porque nunca dejas de aprender, tengo muchas historias en torno a mi parroquia, porque yo era inexperto, pero ese es un signo de que es Dios quien siempre ha sostenido mi vida. Luego fui destinado a la parroquia de Santa María Reina, Cd; durante 5 años como párroco y estando yo tranquilo y sereno como párroco y decano es cuando el Señor me sorprende y me llaman a desempeñar mi ministerio en el Seminario como prefecto de Disciplina en la etapa discipular o filosófica y aquí estoy feliz y contento ya casi cumpliendo cuatro años acompañando a los muchachos y siendo capellán del convento de las Carmelitas descalzas.

feliz y contento

parroquias
  en mi ministerio

San Leonardo Murialdo

Misiones en Tabasco

Santa María Reina

Nuestra Señora de Guadalupe

vida en el seminario

Todos tenemos experiencias extraordinarias en la vida de formación dentro del seminario; cada uno descubre a Dios en cada uno de esos momentos de grandeza que jamás se volverán a repetir.

ordenación diaconal

Entregados al Señor en su servicio al pueblo.

ordenación presbiteral

Ofreciendo nuestra vida para salvación de todos.

experiencia de dios

Compartiendo lo más importante con mis alumnos, la Eucaristía.

compartiendo la vida

Se celebra con alegría y algazara lo que Dios nos da.

Paseo de integración

Alumnos del seminario paseando en la Sierra Fría.

llegamos sin conocernos

VIVIMOS SIN AMARNOS Y MORIMOS SIN LLORARNOS

PUNTOS DEL MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO SOBRE LA CUARESMA 2021

PUNTOS DEL MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO SOBRE LA CUARESMA 2021

Puntos del Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2021

Se ha publicado el mensaje del Papa Francisco para la Cauresma 2021. En él, marca tres aspectos fundamentales que servirán como preparación durante este tiempo, sobre todo en el contexto actual por la pandema del coronavirus.

Te compartimos tres puntos fundamentales sobre el mensaje.

La fe

Nos llama a acoger la verdad a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.

En este tiempo de cueresma, acoger y vivir la Verdad que se manifiesta en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios. 

La cuaresma es un tiempo para creer, es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle poner su morada en nosostros. 

La esperanza 

Agua viva que nos permite continuar nuestro camino. 

En el actual contexto de preocupaciones en el que vivimos y en el que todo parece fragil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación.

En la cuaresma, estemos más atentos a decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consulan, que estimulan. 

A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia.   

La caridad

Vivida tras las huellas de cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza. 

Vivir una cuaresma de caridad quiere decir a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19.

En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: “No temas, que te he redimido” (Is. 32,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palbra de confianza, para que el otro sienta que dios lo ama como a un hijo. 

Lee aquí el mensaje completo, www.vatican.va